La antorcha incendiaria, Carrefour, y la hija de Wang.
Pustaka Bechane.
Periodista.
Comprar hoy en determinados supermercados de China puede resultar aventurado. Todo empezó con una antorcha, la olímpica que recorre diversas ciudades y continentes iniciando así los actos de las próximas olimpiadas en Pekín. Previamente las protestas acaecidas en el Tíbet, su posterior represión, y las reacciones en occidente, encendieron la llama del conflicto. Cuando la antorcha desfilaba por París llevada por atletas chinos fue apagada repetidas veces por causa de las manifestaciones a pesar de estar protegida por cientos de policías. Esto fue tomado como una afrenta nacional por una gran mayoría de los 1.300 millones de chinos muchos de los cuales ven en las olimpiadas algo más que un escaparate para el gobierno, para muchos significa el asentamiento de unos avances sociales impensables hace tan solo 20 años, y también la apertura de una ventana por donde mostrarlo con un cierto orgullo al resto del mundo. Más una cuestión emocional que política, aunque finalmente la exaltación patriótica es lo que se impone.
Atizados los sentimientos nacionalistas por los medios de comunicación oficiales que consideran al gobierno francés responsable de una actuación tibia en defensa de la antorcha, irritados por la mala prensa que en occidente tuvieron los incidentes del Tíbet, a mediados de abril empiezan a recibir amenazas los corresponsales de prensa extranjeros en China, más los franceses. Se convocan manifestaciones contra Francia en las principales ciudades del país a las que acuden miles de ciudadanos que promueven el boicot contra las marcas galas, apuntando especialmente a la empresa Carrefour que cuenta con más de 100 hipermercados en 30 ciudades, dando trabajo a cerca de 44.000 empleados locales.
“Dos millones de personas compran a diario en nuestros establecimientos chinos, en estas condiciones no podemos tomarnos a la ligera las reacciones de algunos de nuestros clientes” explica en la prensa francesa el español José Luis Durán, presidente del consejo de administración de la multinacional. “Una gran parte de la población china se ha visto conmocionada por los incidentes con la antorcha en París” prosigue, “pero no solo por esto, les han afectado más los juicios negativos y las críticas caricaturescas de la prensa occidental. No es de esta manera como resolveremos los problemas”.
Aunque el negocio es el negocio y para muchos representa un valor por encima de los derechos humanos, en este caso no le falta razón a este ejecutivo. Cuando se escribe sobre lo oriental desde gran parte de la prensa occidental se mantienen unos estereotipos que bordean el colonialismo intelectual más cerril, y pocos se esfuerzan por comprender que la visión del mundo propia no es la única y verdadera, tal y como parece estar asentado en nuestras sociedades occidentales deseosas de exportar, cuando no imponer, su valores políticos, éticos y morales. Valores que se aplican con varas de medir distintas según dónde y para quien, evidenciando una hipocresía manifiesta en no pocas ocasiones. Esta actitud no solo es aplicable al conflicto chino tibetano, también lo es para cualquier país o cultura renuente en aceptar de plano los valores occidentales a cambio de abandonar los propios. Con lo cual, junto a los análisis razonados, lo que más ha destacado en algunos medios son los exabruptos y los insultos viscerales, llegando en algún caso a comentarios directamente racistas. Y como el extremismo irracional parece ser inherente a determinados humanos de toda condición, por la otra parte, la reacción ha sido del mismo estilo. De la prensa la chispa ha saltado a los foros de Internet, y de ahí a la calle.
La hija del señor Wang Deyu, la cual a sus 20 años estudia idiomas en la universidad de Duke, en Carolina del Norte, ha podido comprobar la realidad de esta situación cuando el 9 de abril salía de la cafetería de la universidad y se encontró con una manifestación en el campus.
Wang Qianyuan, o Grace Wang para los occidentales, se encontró con varios amigos suyos, los unos en su mayoría americanos y algún tibetano, reivindicando la libertad del Tíbet, y los otros chinos, mucho más numerosos, enfrentados a los primeros. Viendo a conocidos en ambos bandos Grace intentó mediar entre ellos yendo de un grupo al otro para que los gritos y los insultos dejaran paso al diálogo y la discusión. Pero finalmente en el grupo de los chinos se impusieron los más exaltados que la insultaban y la amenazaban por congeniar con la otra parte y tuvo que salir de allí protegida por la policía.
No acabó así el incidente. Contrariada por la situación trató de explicarse en la web de los estudiantes chinos de la Universidad de Duke y el resultado fue peor. El aluvión de comentarios que escribían sus compatriotas no dejaban lugar a duda: “¡Traidora a la raza! ¡Absolutamente inaceptable! ¡Tarde o temprano toda su familia tendrá que pagar!”. También “Notificar a la Secretaría de Estado de la Seguridad, a la Embajada de China, su gobierno local”. Estas fueron algunas de las cosas más suaves que se podían leer. Y la cosa fue en aumento, al día siguiente su foto se publicó con un texto en su frente: “Traidora a la patria”, y también se publicó la dirección de sus padres en la cuidad de Qingdao, el número de identificación ciudadana de ambos progenitores, y su teléfono. “He visto la dirección detallada de la casa de mis padres en China, acompañada por la exigencia a la gente de ir allí y enseñar a "esta descarada perra" una lección. Fue entonces cuando me di cuenta de la gravedad que había adquirido la situación. Mi teléfono sonó con llamadas amenazantes contra mi vida. Es irónico: lo que había tratado tan arduamente de evitar era precisamente lo que había venido a pasar. Y yo era el blanco.” Esto lo escribió en una extensa carta abierta publicada en la prensa norteamericana. Y sigue, “pensé que podría ayudar a convertir un enfrentamiento a gritos en un intercambio de ideas. Eso es lo que Lao Tze, Sun Tzu y Confucio nos recuerdan que hay que hacer. Yo había aprendido de mi padre que el desacuerdo no es algo para temer… todos los chinos conocen el mandamiento moral: Junzi dongkou, bu dongshou (La persona sabia utiliza su lengua, no los puños)”.
Pero cometió un error que no le perdonaron... “yo escribí las palabras "Free Tibet" en la espalda de uno de los americanos a quien conocía. Pero lo hice a petición suya, y sólo después de que me prometiera que iba a hablar con el grupo chino. Nunca imaginé que los chinos me recriminaran esta acción inocente. Los dirigentes de los dos grupos intentaron a un momento dado comunicarse, pero el intento no fue muy exitoso”.
Durante las vacaciones de navidades anteriores al incidente, Grace que no tenía mucho dinero para ir y venir de China, se quedó a vivir en el apartamento de unos estudiantes tibetanos con los que entabló una buena amistad a pesar de tener diferencias sobre el asunto del Tibet. Con ellos descubrió un país que desconocía, aprendió que los tibetanos tenían una visión del mundo diferente a la china, que la espiritualidad budista no era peor que el materialismo, y se convenció de que su cultura milenaria se podía desarrollar por medio de una integración enriquecedora para ambas partes dentro del estado chino. En definitiva descubrió que las diferencias pueden unir y no separar.
El padre de Wang es miembro del Partido Comunista, y después del enterarse del incidente envió a su hija dos largos emails pidiéndole disculparse públicamente. "Después de la apertura y la reforma, China ha hecho grandes avances que han sido constantes, por ello en nuestra familia tenemos todo lo que tenemos hoy en día".
Pero a pesar de sus explicaciones públicas, que no disculpas, la mecha estaba prendida. El número de usuarios de Internet en China era de 228 millones y medio en marzo pasado, y las noticias se difunden como la pólvora. Sus padres recibían continuas llamadas telefónicas insultantes, y tuvieron que marchar de su casa cuando aparecieron pintadas amenazantes en las puertas del domicilio, que fue asaltado en su ausencia. “Lamentablemente, hay una fuerte opinión en China hoy en día de que el pensamiento crítico y la disidencia crean problemas, por lo que cada cual acaba por guardar silencio para mantener la armonía”, concluye Grace. Demasiados años de partido único y demasiados años de opinión única. Y es cierto que como Grace, no pocos chinos piensan que el conflicto del Tíbet puede resolverse por el diálogo ya que para ellos no se trata de una confrontación con extranjeros si no que los tibetanos también son chinos. No es así exactamente como lo ven los tibetanos, pero puede ser un principio de entendimiento y una aproximación a la “amplia autonomía”, que no independencia, predicada por el Dalai Lama.
Visto que la exaltación patriótica exacerbada puede llegar a límites incontrolables que empeorarían la imagen del país, las autoridades chinas han empezado a llamar a la calma desde los medios oficiales. En la prensa, en la televisión y en las webs, piden sosiego y moderación a la población, no sin dejar de quejarse de la prensa occidental por sus críticas que estiman injustas y su tono en ocasiones insultante. Lo cierto es que tampoco han hecho mucho por ganarse el respeto con sus censuras a estos medios, y su descarada propaganda e intentos de engaño sobre la situación real en las calles del Tíbet. Pero se permite de nuevo la recepción de algunas cadenas de televisión extranjeras, también de webs occidentales anteriormente vetadas como Wikipedia donde figuran textos sobre el Tíbet poco complacientes con la línea oficial. Se promueven las discusiones moderadas en los foros chinos donde antes solo se expresaban las opiniones más dóciles, como en Tianya, con 20 millones de usuarios registrados, uno de los mayores sitios de debate en Internet, donde la opinión sobre los Juegos Olímpicos es altamente emocional. Y aunque el Tíbet sigue cerrado a la prensa y a los visitantes extranjeros, ahora, después de negarse en repetidas ocasiones al diálogo, el gobierno chino se muestra dispuesto a recibir a un enviado del Dalai Lama, vituperado hasta la saciedad por el mismo gobierno. A pesar de todo, el Dalai Lama no se ha cansado de repetir públicamente que los juegos olímpicos deben de celebrarse por que serán beneficiosos para el pueblo chino y para su avance en las libertades. Sin embargo la parte más débil, y en especial los tibetanos en el exilio, no ven muy fácil que pueda entablarse un dialogo que conduzca a una mejora real en la situación de las libertades en su país. Temen que el creciente poder económico chino pueda influir en atenuar las críticas occidentales, tal y como ha sucedido en India, Nepal, y Bután, donde las manifestaciones de exiliados fueron prohibidas y duramente reprimidas.
En este mundo para bien o para mal globalizado, cada vez les resulta menos fácil prescindir a los unos de los otros por que la economía del gran capital, lo más globalizado, no puede permitirse ignorar las inversiones de una potencia que crece anualmente con una tasa del 8 por ciento, ni tampoco un mercado de más de mil millones de futuros consumidores. Pero este mercado por su parte tampoco puede volver a encerrase en si mismo sin perder la prosperidad que está alcanzando, arriesgándose a crear situaciones internas socialmente peligrosas.
“Porque el lenguaje es el puente para el entendimiento”, es la frase con la que Grace Wang terminaba su pública misiva. Esperemos que su sentencia se haga realidad en la resolución de este antiguo conflicto.
© Pustaka Bechane 2008. |
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