“Grecia en la India. El repertorio griego del Mahabharata”: 15 preguntas al autor del libro, Fernando Wulff Alonso.
1- Cuál es la tesis principal del libro
- Lo que he intentado probar es que el autor o autores del Mahabharata tienen en sus manos una buena cantidad de fuentes griegas, de la Ilíada y la Odisea en adelante, que le sirven de inspiración para articular el conjunto del relato y muchas de sus partes y personajes.
2- Según lo que cuenta, en su trabajo compara el Mahabaharata y fuentes griegas. ¿Es necesario un conocimiento previo de la obra india y de la mitología griega para seguir el libro?
Es recomendable pero no imprescindible. En el primer punto he resumido el Mahabharata y la Ilíada, para que se vieran sus conexiones globales y también para que su lectura no presente dificultades. Se ha incluido también al final un glosario con los conceptos y personajes del Mahabharata. He buscado que todas las historias a las que me refiero se puedan seguir sin necesidad de buscar otras informaciones. Además, he hecho una introducción para ayudar al lector a situarse ante la obra y el problema.
3- ¿Cómo ha llevado adelante la comparación de la obra con las fuentes griegas?
He procurado seguir un esquema riguroso y, en el buen sentido de la palabra, simple. He fijado las conexiones principales (126) y las subconexiones dentro de éstas (entre 1 y 46). En cada una de ellas he planteado los elementos comunes y luego lo he ejemplificado en un subapartado con los ejemplos griegos y en otro, a continuación, con los del Mahabharata.
4- Usted es primordialmente un historiador, ¿es justificable su hipótesis en términos históricos?
Sin duda. Los contactos desde el Mediterráneo con la India son constantes tras Alejandro, además de que hay que contar con la existencia de un mundo en la Bactria, al Noroeste del Subcontinente, fundado por Alejandro y de lengua y cultura griegas, aunque también con fuertes componentes de hibridación cultural. Su presencia se hace notar en el norte de la India, en particular, donde, por otra parte, quienes dominan durante siglos son pueblos de procedencia externa; recordemos que hay monedas en griego, por ejemplo, hasta el siglo II d. C. Por seguir con los ejemplos de época imperial romana, la portada de mi libro muestra una de las dos representaciones de la toma de Troya en el arte indio; también se puede recordar que desde Egipto navegaban anualmente centenares de barcos y que hay restos de lo que puede llamarse una pequeña colonia en la fachada oriental. Éstos son unos pocos datos nada más de los muchos que tenemos sobre esa conexión de Alejandro en adelante.
5- ¿Todos los contactos e influencias van, entonces, en la misma dirección, del Mediterráneo a la India?
No lo creo. Yo he estudiado un caso desde la India, pero me sumo a quienes creen que, por ejemplo, el ascetismo y el monasticismo cristianos le deben mucho. Hay viajeros que van allí a instruirse y grupos de comerciantes y residentes que están en permanente contacto e interacción, además de los procedentes de la Bactria y de sus expansiones. Sabemos de gentes griegas que se hacen budistas o vishnuitas, por ejemplo. En los procesos comerciales intervienen, por su parte, gentes del Subcontinente instalados, por ejemplo, en Alejandría, o en las zonas intermedias, además de en sus propios puertos.
6- Lo que plantea, sin embargo, parece ir contra las formas tradicionales de enfocar la historia del Subcontinente como una realidad aislada de cualquier otra.
Ha habido una tendencia general, fruto de los modelos nacionalistas y etnocentristas de pensar el mundo, a concebir las culturas, las sociedades, los países como aislados, independientes de todo, destinados a una especie de evolución vegetal. Este planteamiento no es siquiera discutible: es falso. En este caso han incidido muchos componentes en el mismo sentido, empezando por la incidencia directa del colonialismo británico. Yo soy de los que piensan que muchas veces el exotismo es una mezcla de racismo más lírica. Y también hay que contar con el propio nacionalismo indio, que ha asumido la idea del aislamiento y la excepcionalidad para reforzar sus posiciones. Pero no es cierto que haya aquí una excepción al principio de que la historia del mundo es la historia de la mezcla y de la interacción.
7- ¿Es tan novedosa su tesis?
La existencia de elementos comunes se vio ya en el siglo XIX, planteándose incluso el problema de la dirección de los préstamos, con autores apoyando que el Mahabharata había influido en obras griegas y romanas. Pero estos enfoques tendieron a abandonarse y las conexiones, los elementos comunes que se detectaban, se han pasado por alto o explicado por la circulación de motivos folklóricos o, en los últimos tiempos y por algún autor, a partir de la herencia indoeuropea común. Lo que yo defiendo, que es el papel central de la épica y la mitología griegas en la propia estructuración del Mahabharata, no ha sido explorado con anterioridad de una manera sistemática.
8- ¿Cuáles son sus principales consecuencias?
Las dos consecuencias fundamentales de mi trabajo afectan a dos temas cruciales: la época de elaboración y la autoría. Autores como Hiltebeitel o Biardeau defienden una datación posterior a Alejandro Magno y la idea de que la obra no es un fruto acumulativo sino una creación nueva y de unos o pocos autores. Esto queda reforzado por mi trabajo. Lleva también a replantearse un conjunto importante de problemas del Mahabharata, desde cómo se elabora y el significado de su complejidad (métrica, de contenidos…) al de las razones y claves de su mantenimiento hasta nuestros tiempos, pasando por otros como los referidos a la relación entre escritura y oralidad. He tratado de situar todos estos problemas con claridad en las conclusiones.
9- Muchos de los lectores se sorprenderán de la diferencia entre lo que usted plantea y lo que pueden leer en manuales o introducciones, en libros o en Internet.
Desde el siglo XIX dominaba una idea sobre el Mahabharata muy proyectada de una manera de entender los poemas homéricos que a mi juicio, por lo demás, también es falsa. El Mahabharata sería el fruto de siglos de elaboración que darían cuenta de la existencia de tres grupos de textos: la narración principal, historias secundarias que no tienen que ver, al menos directamente, con el poema y textos doctrinarios o sapienciales. Esta idea permitía, por ejemplo, intentar integrar la presencia en la obra de referencias a reinos griegos (yavana) que se situaban, paradójicamente, en aquellos tiempos sumamente antiguos en los que habría ocurrido la historia principal, o menciones a los romanos mismos. Pero dejaba sin resolver, ni siquiera aparentemente, otros como el hecho de que una historia así, fruto supuesto de una tradición épica en continuo crecimiento, careciera de paralelos, dejando a un lado el Ramayana que, además, era más fácilmente ubicable en períodos posteriores. El caso griego no permitía solventarlo: conservamos dos grandes poemas, pero referencias muy completas a muchos más. Los autores que han defendido una autoría tardía responden más fácilmente a ésta y otras dificultades; la llegada de todo esto a los manuales e introducciones llevará años, y más teniendo en cuenta que estos replanteamientos son aún minoritarios. También ignoro, como se puede entender, si mi aporte principal, esa fuerte y fundacional presencia de elementos griegos en el proceso de elaboración mismo de la obra, será aceptado o no y cuándo.
10- ¿Por qué se produciría el uso de elementos griegos?
La épica y la mitología griega ofrecen en la época de que estamos hablando una enorme cantidad de historias, en su forma épica propiamente dicha, en forma de narraciones o, y esto es importante, en lo teatral. Y cabría decir lo mismo de otros recursos culturales o técnicos que no sólo tienen un alto nivel, sino que se sintetizan en el período helenístico en forma de manuales que trascienden, como todo esto, al mundo heleno. El autor o el equipo que lo elabora pretende hacer una obra artística de primer orden y hubiera sido absurdo prescindir de todo ese impresionante repertorio puesto a su disposición, empezando por una Ilíada de la que se nos cuenta, por cierto, en una fuente clásica –que, por supuesto, se ha tendido a despreciar- que se había traducido en la India. La Ilíada ofrecía, además, un marco muy útil en la lectura que se elige para desarrollar el Mahabharata, la idea de que los dioses preparan un exterminio masivo de guerreros para dar lugar a una era peor, aquélla en la que están los lectores y, por cierto, en la que estaríamos nosotros mismos.
11- Alguien podría entender que usted plantea que la obra resultante carece de originalidad
Permítame una comparación: la Biblia como la conocemos es el fruto de una elaboración realizada a partir del siglo V a. C. y en la que aparecen, por ejemplo, trozos enteros del poema de Gilgamesh, el cristianismo es inseparable de los componentes procedentes de los cultos mistéricos con los que se le prepara para abordar al mundo romano, y en Mahoma es obvia y expresa la presencia de lo judío y lo cristiano. La revolución religiosa que conlleva el Mahabharata se sitúa en un contexto parecido de usos de elementos externos para generar una realidad nueva y riquísima. En los términos referidos al guión, la trama, la estructura, la originalidad y la calidad artística, el uso de ese repertorio tiene como resultado una obra única y extraordinaria, de una enorme madurez y muy adaptada a los objetivos que se pretenden.
12- ¿ Y cuáles son éstos?
Son muy complejos, claro, pero yo me sumaría a los que piensan que se centran en la confluencia de una monarquía inspirada en una serie de valores que se pretenden plantear como tradicionales –ligados a lo que podríamos calificar más tarde como hinduismo- y de los valores de los cultos devocionales, la bhakti, ligados a Krishna en particular. Hay que contar, además, con la aceptación de una gran amplitud de perspectivas respecto a los caminos de salvación, en un intento de conseguir un consenso abierto y en discusión lo que, por otra parte, contribuye a explicar la relativa heterogeneidad doctrinal de la obra. Que la épica puede ser un buen sistema para reconstruir un mundo ideológico fraccionado lo prueba la Eneida de Virgilio elaborada más o menos por esta época, con un uso más directo aún de las fuentes griegas.
13- ¿Y dónde está el límite en ese consenso y en la heterogeneidad doctrinal de que habla?
Por ejemplo, en el budismo. M. Biardeau ha apuntado algunas cosas en esta dirección, aunque no pueda estar del todo de acuerdo con ella. Hay un modelo de monarquía budista desde Ashoka, en el siglo III a. C., en adelante. Y el budismo utiliza todo tipo de instrumentos para la difusión de su doctrina. El hecho de que el budismo desaparezca en época medieval no quita su extraordinaria importancia y, en particular, su papel a la hora de aceptar innovaciones culturales a las que otras corrientes religiosas tendrán que sumarse, desde la plástica a la literatura y el teatro. El Mahabharata puede ser entendido como parte de este tipo de juegos a múltiples bandas; y en esa complejidad hay que contar la multiplicidad de posiciones religiosas que intenta absorber; su uso de lo heleno se ubica también aquí.
14- ¿Sería el Mahabharata una obra excepcional en este uso que defiende?
No lo creo. Es cierto que conforme se desarrollen nuevos componentes culturales, en parte con su ayuda, será menos necesario un recurso tan directo. El gran problema de los estudios sobre el Subcontinente en la Antigüedad es el de las cronologías; aún así, podemos asegurar que antes de lo que se define como la cultura clásica India, varios siglos después del Mahabharata, hay mucha literatura budista y no budista que desconocemos; aún así, en la budista se rastreó en el siglo XIX algo de todo esto. Lo que he estudiado en un apéndice del libro son las historias del Krishna niño, el anterior a su participación en la guerra del Mahabharata, y la presencia de elementos griegos es evidente, con la integración de las historias, por ejemplo, de Heracles o Jasón. Y tiendo a pensar que se ubica temporalmente en una fase previa a la que supone nuestra obra.
15- ¿Le inquieta la posibilidad de lecturas de su obra en claves anti-indias?
Sí. Hay una inquietante tendencia azuzada por el nacionalismo indio, como señalaba, a dibujar una imagen de la historia india como aislada y especial, y a considerar, por ejemplo, que la defensa de cualquier influencia externa resultaría anti-india. En el caso de Grecia, la suposición de que es la “antepasada” de Europa sería fácilmente utilizable para argumentar que lo que se propone en mi libro vendría a defender la subordinación de la cultura india a la griega y, puestos aquí, la eterna subordinación de lo indio hasta el imperio británico mismo. Pero ni Grecia es la “antepasada” de occidente ni del imperio británico ni yo defiendo tal cosa. La fábula india es la fábula india, y usa profusamente elementos babilónicos y griegos, y cuando llega a la España musulmana llega como tal y contribuye a nuevas producciones. Grecia es inseparable de los flujos culturales del Próximo Oriente. La historia del mundo, afortunadamente, es la historia de la mezcla y de la creatividad que conlleva. Y la del Subcontinente no permite lecturas tan simplificadoras ni lineales ni, por supuesto, es bueno que nadie la patrimonialice respirando, además, desde las heridas que el mismo nacionalismo se autoinflinge.
© Fernando Wulff 2008.
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