Libros de la India y de Oriente |   INICIO  |   CÓMO COMPRAR  |   SEGURIDAD  |   MAPA WEB  |   AYUDA  |  
21/08/2008  Visitante Bienvenido Moneda de la web   
  BUSCAR
    
Titulo Autor ISBN
> BÚSQUEDA AVANZADA
> LIBROS por temas
> NUESTRAS PUBLICACIONES
> NOVEDADES
> OFERTAS
> MÚSICA
> DVD
> VIAJAR
> POSTALES
> GRÁFICOS
> FOTOGALERIA
> ARTICULOS
> ENLACES
> AYUDA
> REGISTRARSE
> QUIÉNES SOMOS
> MAPA WEB

 Artículo

Anish Kapoor

Eva Fernández del Campo

Historiadora de Arte.

Anish Kapoor es hoy por hoy uno de los escultores más emblemáticos del panorama artístico universal. Pertenece a esa generación de artistas que ha heredado la tradición india y que ha renovado su esplendor en contacto con Occidente convirtiéndose, además, en parte de la nueva imagen de Gran Bretaña. A esta misma generación pertenecen también autores tan significativos como Salman Rushdie, uno de los más grandes prosistas anglófonos de nuestro tiempo o Anif Kureshi, novelista, escritor de guiones de teatro y cine y realizador de unos filmes que han contribuido a dar una visión del mundo y del panorama artístico abierto a muchas formas distintas y válidas, así como a un punto de vista transcultural donde se funden vocabularios visuales de diversos tiempos y lugares.

Kapoor es indio, pero no le gusta que se hable de él como de un artista indio y, aunque actualmente vive y trabaja en Londres y la mayor parte de su producción artística ha visto la luz en Inglaterra, tampoco le gusta que se hable de él como de un artista británico. Intentar encasillarle en una nacionalidad o un credo, o categorizarle como individuo de una determinada cultura, resulta, a todas luces, un absurdo, pues no sólo su vida personal le ha convertido en ciudadano del mundo, sino que, además, su producción artística tiene un carácter universalista que escapa a cualquier intento de etiquetado. Nacido en 1954 en Bombay, de padre hindú, tiene, sin embargo, el ascendiente hebreo de su madre, una judía originaria de Irak; de manera que ya su cuna es una especie de premonición de lo que será su obra: una reflexión sobre la paradoja, sobre el encuentro y la fusión de contrarios.

* * *

La infancia del artista, como la de tantos indios de la diáspora, estuvo marcada por la diversidad y por una maravillosa conjunción de opuestos: un padre perteneciente a una cultura profundamente matriarcal y una madre que proviene de una civilización de un marcadísimo signo androcéntrico. Como no podía ser de otra manera, el Kapoor adulto se ha interesado no sólo por las culturas de sus padres, sino, además, por el budismo y por el cristianismo y por los paralelismos que existen entre las distintas religiones y tradiciones culturales. Su escultura es el resultado de una especulación sobre las coincidencias y los puntos de encuentro, sobre los caminos, puertas y agujeros que permiten pasar de unos mundos a otros sirviéndose, para ello, de las enseñanzas de maestros occidentales, fundamentalmente de Marcel Duchamp, de Joseph Beuys, y de Barnett Newman pero también, como no, del arte tradicional indio, del que admira el uso del color, la concepción dual de la existencia o la idea de la obra “autogenerada”. Su obra refleja el encuentro de la tradición antigua con el futuro posmoderno, la colisión de códigos culturales distintos y de tiempos históricos diversos y la búsqueda de un lugar entre dos realidades que le hacen debatirse entre su pasado vinculado a lo ancestral y la admiración por el nuevo mundo tan próximo al futuro, entre el cariño y la intimidad del lugar de la infancia y la arrogancia de la imposición de lo otro, entre lo colonizado y lo colonizador, lo sagrado y lo secular y, en definitiva entre el Este y el Oeste y entre el Sur y el Norte. Será precisamente ese deseo de solventar la contradicción, de salvar el abismo insondable que se abre entre los dos mundos y de curar la dolorosa escisión que él vive en carne propia, lo que le llevará a engendrar un arte de umbrales pero sin fronteras, a encontrar puntos de unión y coincidencias en las divergencias y en los límites; un arte donde la contradicción y su anulación se convierten en un leitmotiv recurrente y omnipresente que acompañará a toda su producción artística. Un arte, por tanto, que busca los puntos de unión y las coincidencias en las divergencias y en los límites; un arte protagonizado por grandes polaridades: lo colonizado y lo colonizador, el Este y el Oeste, lo ancestral y lo moderno, la naturaleza y la cultura, lo sagrado y lo secular…todo ello amalgamado en piezas de una gran simplicidad: huevos, montañas, ojos, grietas y agujeros que adquieren un sinfín de significados y cuyo resultado plástico es de una impactante contundencia. Obras cargadas de misticismo y de sensualidad que son umbrales que nos permiten asomarnos al interior de la corteza de nuestro mundo, enfrentarnos al abismo poético y palpitante que reina al otro lado, para finalmente reconocer la omnipotencia del vacío.

* * *

Uno de los motivos más utilizados y repetidos en la obra de Kapoor es el de la montaña. La montaña como lugar sagrado, como origen de la vida y como símbolo del mundo del subconsciente, pero también como su anverso: la cueva, el vacío que reina dentro de ella y el gran útero primigenio del que surge la vida. Kapoor nos ofrece orificios, grietas, aberturas que se convierten en zonas de contacto entre el interior y el exterior, entre la oscuridad y la luz, entre lo divino y lo humano, lugares mágicos donde se produce la transformación y la transubstanciación, heridas cuya contemplación tiene también un sentido purificador y obras que se convierten en intentos de “materializar” la transformación de la vacuidad en plenitud y de la plenitud en vacuidad, reflexiones sobre la masa, el peso y el volumen de las cosas pero, al mismo tiempo, sobre lo efímero y sobre la ausencia de peso y de volumen. En algunas de las obras realizadas a partir de finales de los años noventa esta reflexión irá un paso más allá y Kapoor situará al espectador no ya asomado al borde del mundo y a sus hendiduras, sino al otro lado de éste, más allá de su epidermis, dejando al descubierto toda su interioridad. produciendo en él la extraña sensación de estar “dentro del exterior de un agujero” y creando obras que finalmente se convierten en la sutil membrana, la piel, que conforma el vacío.

* * *

© Eva Fernández del Campo 2007. Extraído del libro “Anish Kapoor”, Editorial Nerea, 2006.

Libros de Eva Fernández del Campo: en venta en indicalibros.com




































































|   LIBROS  |   NUESTRAS PUBLICACIONES  |   NOVEDADES  |   OFERTAS  |   VIAJAR  |   POSTALES  |   GRÁFICOS  |

© indicalibros.com

© Copyright 2008 by Indicabooks S.L