Tiempos Modernos La India urbana, la India rural y la parábola de la vaca
Miguel Angel Gayo
Periodista. Corresponsal de la agencia EFE en Nueva Delhi.
"El resurgir de la India debe venir de los pueblos, de las tribus y los pequeños agricultores. Pero tienen que luchar mucho para hacerse oír."
Satish Kumar, intelectual indio y editor de la revista "Resurgence"
Parece haber un consenso generalizado entre las modernas élites indias en cuanto a la idea de que la esencia de la India (sea lo que sea lo que esto signifique), está y siempre ha estado en las aldeas tradicionales y en las comunidades rurales.
Sin embargo, resulta llamativo que los mencionados grupos de poder, ya sea intelectual, político o económico, están radicados casi siempre en las ciudades.
Es decir, que desde las privilegiadas tribunas de opinión de Bombay, Delhi o Bangalore, se glorifica el modo de vida considerado como tradicionalmente indio, así como sus valores puros e inalterados, y se reivindica su recuperación cuando no se incita directamente a "volver al campo".
Las estadísticas, sin embargo, contradicen o al menos matizan poderosamente esta supuesta atracción que todo indio "pucca" (como debe ser) debería sentir por la idílica aldea india: el porcentaje de población urbana en el país es mayor cada año, y sobrepasa ya el 30% del total, contra el 20% de hace una década.
Las grandes ciudades indias son ruidosas, insalubres, carecen de una red adecuada de infraestructuras básicas como el suministro eléctrico y el agua potable, y los equipamientos públicos (transporte, sanidad), son o insuficientes o tan caros que muy pocos pueden acceder a ellos.
Entonces, ¿por qué emigran los indios a la ciudad?
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LUCES DE LA CIUDAD
Una de las razones puede ser la simple, casi infantil fascinación por participar de la fiesta de la modernidad, presenciar el espectáculo que antes han atisbado en el cine o en la televisión de los autobuses y trenes cargados de gente... como ellos. Desde el cine hasta el transporte público, la cercanía de la opulencia o sencillamente, vivir entre los que viven bien, aunque uno no viva como ellos, es un aliciente psicológico si se quiere, pero que existe.
La revista mensual editada en Delhi FIRST CITY tiene una sección titulada "minute old immigrant", el inmigrante de hace un minuto, en la que se pregunta a individuos o familias recién llegados a la ciudad por qué han decidido viajar a ella.
Las entrevistas se suelen hacer a pie de andén en la principal estación de ferrocarril de Nueva Delhi, y los entrevistados son siempre inmigrantes de extracción humilde, recién llegados de pueblos de Uttar Pradesh, Rajastán o Bihar. Aparte de las razones estrictamente económicas, en sus respuestas suele aparecer la mencionada atracción que ejerce la urbe como una especie de tierra prometida en la que además de encontrar trabajo se puede cambiar de vida.
En su maravillosa novela autobiográfica "Delhi no está lejos", el escritor angloindio Ruskin Bond describe perfectamente el sentimiento, mezcla de ansiedad y melancolía, que deben sentir los habitantes de suburbios cercanos a las grandes ciudades indias, contemplando a lo lejos las luces de ese otro mundo tan lejano y próximo a la vez.
La principal razón, mucho más prosaica, es evidentemente la oportunidad de una vida mejor, con más posibilidades de prosperar, o simplemente sobrevivir.
Muchos pueblos del Rajastán y Bihar dependen casi enteramente del dinero que los cabezas de familia envían cada mes desde Delhi, Jaipur o Bombay, y existen oficios "urbanos", como el de taxista o guardia nocturno, desempeñados en su mayoría por inmigrantes que contribuyen a sostener su familia en la distancia.
Por último, no hay que pasar por alto la reconfortante libertad personal que puede aportar al individuo vivir en un entorno urbano y por tanto relativamente anónimo en un país que, como la India, mantiene vigente el sistema de castas, socialmente tan restrictivo.
En las universidades de las grandes urbes indias es posible comprobar cómo muchos estudiantes a quienes su apellido delata como alguien de casta baja, deciden suprimir dicho apellido o incluso cambiar su nombre en un intento de dejar atrás ese lastre, invisible pero real.
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METRÓPOLIS
Nuevos habitantes forman nuevas ciudades.
Para ilustrar cómo han cambiado, o mejor dicho cómo están cambiando las ciudades indias, podemos fijarnos en tres ejemplos que muestran los nuevos rasgos físicos, sociales e ideológicos de la sociedad urbana india.
Físicamente, las grandes urbes indias comparten los rasgos y problemas de la mayoría de las metrópolis del tercer mundo, y de paso muchos de los problemas del llamado primer mundo.
La falta de planificación, y el consiguiente crecimiento desordenado de monstruos como Mumbai, cuya área metropolitana incluye el mayor poblado de chabolas de Asia, o de Delhi, cuya saturación ha provocado el nacimiento de ciudades-satélite que absorben la población que ya no tiene sitio en la capital.
La "burbuja inmobiliaria", por ejemplo, un concepto desgraciadamente familiar para cualquier ciudadano español o europeo, alcanza en la India proporciones tan inquietantes como en Madrid o Barcelona: los precios de los alquileres se han doblado en algunas zonas de Nueva Delhi, donde se mezclan los "bastis" o poblados de chabolas con las urbanizaciones de superlujo.
Para comprender la dimensión del problema, baste señalar que junto a un puesto callejero donde una comida sencilla y un refresco cuestan medio euro, puede levantarse una mansión cuyo precio de mercado ronde los 25 millones de euros.
Invertir en suelo es el mejor negocio posible incluso en la pujante India de las telecomunicaciones y los récords de bolsa, ya que según los agentes inmobiliarios de Delhi, una rentabilidad mínima del 60% está garantizada.
La paradoja surge cuando el lujo no encuentra un escaparate donde mostrarse: no luce igual una boutique de Cartier en la calle más chic de París que en una de las calles sucias y sin aceras típicas de este país.
Hace pocos meses, un promotor de marcas de lujo se quejaba en Delhi de que a pesar de que las marcas más exclusivas del mundo estarían encantadas de abrir comercios en Delhi o Bombay, lo cierto es que no encuentran sitios apropiados donde instalarse, ya que no existe un equivalente a la Quinta Avenida o la Calle Serrano en todo el país.
Viviendas con precios por las nubes y vendedores de lujo que arrugan la nariz ante la caótica estampa que ofrece la ciudad india. Se diría que a pesar de que la riqueza crece en la India, la pobreza sigue proyectando su alargada sombra.
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ESPIRITUALIDAD VERSIÓN 2.0
El indio urbano perteneciente a la tan traída y llevada "emergente clase media" pude tener un teléfono móvil, posiblemente una motocicleta, e incluso es posible que se rasque la cabeza, pensativo, cuando pase por delante de un concesionario de Maruti, la popular marca de coches que aún vende un utilitario de 800 centímetros cúbicos por el equivalente a 3.500 euros.
Comparando sus condiciones de vida con las de sus padres, podría decirse que la India moderna le impone nuevas necesidades aunque también le ayuda a cubrirlas, al menos en su faceta más "terrenal". Pero, ¿existe una espiritualidad urbana?
Algo parecido: Desde hace poco es posible hacer ofrendas económicas a través de mensajes de teléfonos móviles e incluso ingresar ofrendas en un cajero automático del banco ICICI (uno de los principales del país) para más tarde depositar el resguardo del ingreso en el altar del dios receptor.
Además, en las afueras de Delhi se inauguró hace un año el templo Akshardham, inaugurado por el presidente de la nación, Abdul Kalam, y que se ha convertido en uno de los hitos arquitectónicos de la ciudad por algo más que sus espectaculares dimensiones.
El complejo, construido alrededor de un enorme templo con la apariencia de un templo hindú clásico, ha sido construido combinando técnicas artesanales con la maquinaria más moderna y sin reparar en gastos, y su aspecto es realmente imponente. En el interior, un recorrido por varias galerías con robots mecanizados, rayos láser y varios efectos especiales conduce a los atónitos visitantes a través de cuidadas reproducciones de escenas de los vedas, los antiguos textos sagrados hindúes. Al caer la noche, una serie de fuentes controladas por ordenador ofrecen un espectáculo de agua coloreada que ejecuta una cuidada "coreografía" al ritmo de una eufórica melodía digna de la mejor banda sonora de Bollywood.
Al acabar, uno puede preguntarse si la experiencia finalmente ha sido religiosa o simplemente tecnológica.
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CASTAS TELEFÓNICAS
En definitiva, y como pasa tantas veces en la India, parece que nada desaparece ni se transforma totalmente, sino simplemente se asimila y convive con lo que ya existía.
Las controvertidas castas, por ejemplo, pueden no tener tanta importancia en el trato social más o menos superficial de una fiesta o un encuentro casual, pero aún así mucha gente se fijará en el número de teléfono de las tarjetas de visita para descubrir si su interlocutor reside en un barrio del norte o del sur de la ciudad, lo cual puede ayudar a encasillarle como un "bramán" económico o como un "paria" social.
Sin embargo, la reciente puesta en marcha del metro en la ciudad no sólo ha difuminado esta división tan radical, sino que ha provocado que barrios que eran considerados como poco deseables por estar en el norte y lejos del centro, ahora sean vistos como buenas zonas residenciales.
Por ejemplo, un edificio de apartamentos que hasta ahora tenía el nombre de "Park View" ha sido rebautizado como "Metro View", y los precios de los alquileres se han doblado porque sus "privilegiados" habitantes tienen los raíles elevados del tren urbano a pocos metros de sus ventanas y pueden "disfrutar" viendo pasar los trenes.
La frase de Rockefeller "para ser alguien hay que estar bronceado y vivir en la mejor parte de la ciudad, aunque sea en un sótano" parece tener cada vez menos sentido, incluso en la India.
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LA PARÁBOLA DE LA VACA
¿Qué pueden tener en común una vaca urbana, de las 35.000 que aún pululan por Nueva Delhi y una cualquiera de los varios millones que pastan en los campos? Tal vez más de lo que parece.
Si el último monzón ha sido bueno, y por tanto la cosecha abundante, la vaca rural podrá esperar mejor y más alimento, aunque también más trabajo.
Y si allá en las oficinas de las multinacionales de Bangalore, Gurgaon o Chennai soplan buenos vientos, es posible que la bonanza económica repercuta en el bienestar de la sociedad urbana india y los desechos que encuentre la vaca de la ciudad sean también más abundantes y sabrosos.
Ambos animales dependen de coyunturas variables, viven en hábitats distintos y sin embargo comparten su destino y poseen el mismo valor.
¿Qué vaca es más sagrada, la urbana o la rural? ¿Qué parte de la sociedad india es más genuina? Está claro que la sociedad india la componen tanto el medio rural como el urbano, y ambas "indias" se necesitan para descifrarse mutuamente, para saber hacia dónde va una y de dónde viene la otra.
Y es que, en esencia, se trata de la misma vaca.
Por cierto, Satish Kumar reside en Londres desde hace años.
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© 2006 Miguel Angel Gayo
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