Los ghats del Ganges, Benarés: El paisaje de la ribera.
RANA P. B. SINGH
Profesor en el Dpto. de Geografía, Banaras Hindu University
Presidente de Society of Heritage Planning and Environemental Health
Los Banarasis (habitantes de Benarés) mantienen un lazo emocional con el río Ganges. Los seis kilómetros de largo de la ribera del Ganges, en el margen oriental de la ciudad, poseen una historia única, una visión específica de una línea arquitectónica suntuosa de edificios sublimes y lugares sagrados, con su propia individualidad. La ribera del Ganges sintetiza los valores y los ideales socio religiosos desarrollados a lo largo de la historia y es un sitio de toma de conciencia y de fe para los peregrinos. Todo ello ayuda a formar un lugar único de ámbito para la fe. Esto aporta a los habitantes, peregrinos o visitantes, la esperanza para creer, una creencia firme, unos pensamientos y sentimientos para comprender el entorno cultural del Hinduismo. El Ganges despierta un profundo atavismo hacia el lugar porque tiene una historia que le relaciona con lo divino desde la Antigüedad, elogiada en la literatura mitológica. Sus formas manifiestas consiguen que se le perciba como una diosa consiguiendo evocar sentimientos especiales entre los devotos. Por supuesto, el ser humano moderno rara vez tiene tiempo para semejantes visiones y sentimientos, no obstante, con el incremento masivo de turistas y peregrinos, uno está abocado a reconocer, la intangible espiritualidad del lugar especialmente en la ribera del Ganges en Benarés, la ciudad más santa del Hinduismo, que ofrece una serie de sitios, 84 ghats (escalinatas de piedra hacia el río) como una concatenación especial y de lugares sagrados.
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Las escenas de la mañana y las imágenes
Los primeros rayos del amanecer alcanzando la corriente de agua del Ganges y sus reflejos en los suntuosos edificios a lo largo de los ghats nos obligan a recordare1 Himno al alba de Rig Veda (1. 113): «¡Surge! ¡El aliento de la vida brinda con nosotros —la oscuridad se ha ido, la luz se acerca!». Así, uno toma conciencia del espíritu del lugar, cuando camina a lo largo de la ribera o navega por la mañana temprano; en una mañana de diciembre, en palabras de Havell (1905) la vista frontal de la ribera nos aparece como: «Ahora los detalles de los ghats pueden distinguirse más claramente —el colosal vuelo de los escalones de
piedra, los enormes malecones pétreos y las plataformas de madera sobresaliendo por encima del sagrado fluir, el río moteado de sombrillas, como setas gigantes, bajo las cuáles los ghatiyas están sentados para rendir varios servicios a los bañistas— los innumerables capiteles de los templos hindúes, dominados por los sublimes minaretes de la mezquita de Aurangzeb. Por fin, Surya, el Sol, aparece, resplandeciendo como fuego opaco a través de las nubes de la noche. Las neblinas miasmáticas, como espíritus del mal —los perversos Asuras— se encogen, se pliegan y desvanecen dentro del aire fino, como si el sol las penetrara continuamente y lanzara sus rayos victoriosos a través del río, iluminando los huecos de las cuevas como altares, reluciendo en las jarras de latón y cobre de los bañistas y en las losas doradas y las banderas que coronan los templos de Shiva. Parece, a primera vista, como si el anfiteatro fuera de unas dos millas (en realidad son cuatro) de recorrido, reluciente como un enorme templo del sol: los sacerdotes, los Brahmins murmuran la santidad de sus mantras, la misteriosa invocación al sol por parte del Rig-Veda —el famoso Gayatri— las sacerdotisas, las mujeres cuyos saris imitan el color de la aurora se marchitan rápidamente con la blanca luz del día; las ofrendas de los devotos, las caléndulas doradas y los pétalos de rosa son colocados en cestas sobre los peldaños de los ghats y flotando en la superficie del agua».
James Prinsep (1799-1840), arqueólogo, numismático y epigrafista que fue Cobrador de Varanasi de 1820 a 1830 percibió la ribera del Ganges de una manera más explícita: «En la distancia la música y las campanas de un centenar de templos resuenan en los oídos con una melodía mágica, en medio del murmullo de voces humanas; y de vez en cuando se oye el ajetreo de los peregrinos cuando se levantan en sus cubículos sobre las terrazas de las casas, o el zumbido alrededor de los minaretes. Al mismo tiempo el ojo descansa con los colores brillantes de los diferentes grupos masculinos o femeninos de bañistas y con el centelleo de las embarcaciones de latón, o siguiendo a los búfalos cuando deambulan entre las multitudes ejerciendo con orgullo su derecho de ciudadanos, masticando los ramos de flores que les ofrecen con libertad. Entonces, cuando la noche se empieza a deslizar, la escena cambia, y el centelleo de los faroles a lo largo del margen del agua, los fuegos funerarios y el humo blanco sinuoso y los edificios de piedra encendidos por la luna, muestran unos rasgos e imágenes de animación variadas y mezcladas cuya representación está fuera del alcance del artista. Puede que describa el terreno en el cual estas escenas de la vida tienen lugar, pero la imaginación del espectador tiene que suplir el resto». Sobre la fantástica belleza de los ghats por la mañana Sherring (1 868) dice: «Por su pintoresquismo y grandiosidad, ninguna visión en todo el mundo puede superar a la de la ciudad de Benarés vista desde el río Ganges/Ganga». Muchos profetas, filósofos, novelistas y escritores vinieron a esta ciudad en distintas épocas y expresaron sus sentimientos de diferentes maneras.
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Datos para un epílogo
Todos los ghats son puntos en el camino divino y cósmico (12 zodiacos x 7 chakras del cuerpo hacen 84) y a lo largo de los ghats, el número de tirthas del agua (14 envoltorios del cuerpo x 7 capas de atmósfera, hacen 98) representan su manifiesta dimensión trascendental. Por eso este entorno muestra un orden cósmico y una relación armónica entre el macrocosmos (orden divino) y el microcosmos (orden humano) a través del eslabón del mesocosmos (el orden físico de los ghats). Cuando el sol sale y el sol se pone, uno puede ver la belleza natural de los colores de la luz reflejados en el Ganges; por la mañana, uno puede apreciar la reflexión de la luz del sol en los edificios palaciegos, y por la tarde la sombra de esos edificios sobre el Ganges crean una escena única cuyo aspecto vivencial no puede compararse con su descripción en los libros. Caminar por la ribera o navegan en paralelo a los ghats ayuda a hacen brotar una visión profunda y emocional en un sentido armónico de unión con el espíritu de lugar. Se forma un orden geomántico a lo largo de la ribera del Ganges, con respeto, reverencia y rituales regulares, en términos de ecología profunda y sagrada. Uno puede experimentar fácilmente una profunda conexión con el río y con un estilo de vida típico Banarasi, que es armónico con todo lo que está vivo. El Ganges es también aceptado por los hindúes como «madre» (Ma Gangá) ya que tiene la fuerza de la vida y de la energía vital. Los cinco elementos de una entidad orgánica, (tierra, agua, fuego, aire y cielo), constituyen también al río. Estas comparaciones vienen de una relación sagrada con la naturaleza. Utilizando el marco de la psicología de la Gestalt, el paisaje de la ribera necesita ser visto no como un elemento insólito, sino como un conjunto con sentido, en el cual el espectro total de la vida en el mundo (lebenswelt) se compromete con los sentidos y las experiencias del mundo de cada día. No obstante, hoy en día el Ganges ha adquirido un cierto grado de insalubridad. Metafóricamente, «ha acumulado los pecados humanos desde tiempos inmemoriales». Por ello, es preciso cuidar esta herencia cultural desde una actitud espiritual y ecológica. © Rana P. B. Singh
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