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Aproximación al desierto de Taklamakan en la Ruta de la Seda

Julio González-Alcalde.

Doctor en Geografía e Historia.


El desierto de Taklamakan se encuentra situado al Noroeste de la República Popular China, en la región autónoma del Xinjiang Uigur y tiene unos 400.000 metros cuadrados de superficie. Lo atraviesa el río Tarim que desemboca en los antiguos lagos salados de Lob Nor. Limita al Norte con los montes Tian Shan, al Sur con la cordillera del Altyn Tagh y al Oeste con la de Pamir. La extremada aridez y el enorme peligro que representa atravesar esa zona han sido plasmados en relatos de caravanas desaparecidas en su totalidad entre dunas móviles de hasta 90 metros de altura. El propio nombre del desierto es “entra y no saldrás” y también “el desierto del que nadie vuelve”, aunque no siempre fue así.

Ese entorno constituyó una encrucijada de la mayor importancia para el encuentro de culturas, puesto que formó parte de la Ruta de la Seda, dos de cuyos ramales lo atraviesan al Norte y al Sur. Fue el gran camino de intercambio ideológico y comercial entre Asia y Europa durante siglos, con ciudades habitadas por culturas activas y emprendedoras. Incluso su economía se benefició de los yacimientos de jade blanco, actualmente escasísimos, encontrados en el río del Jade Blanco que atraviesa el desierto. Al Oeste de este río se encuentra el antiguo oasis, actual ciudad de Khotan que formó parte del área Sur de la Ruta de la Seda. A lo largo del tiempo se han recogido leyendas en ese desierto, sobre ciudades perdidas y tesoros enterrados, todo ello rodeado de grandes peligros que habría que evitar, como narra Marco Polo en el siglo XIII, al atravesar la zona. Otra de estas referencias se remonta al año 1875, basada en un informe del gobierno de la India. En él se afirma que un pastor había visto una ciudad perdida en el área salina correspondiente al antiguo lago Lob Nor, pero tuvo miedo de perecer y no penetró en el lugar, que siguió envuelto en la soledad y el aislamiento.

Fue a principios del siglo XX cuando el explorador sueco Sven Hedin y su equipo llevaron adelante el proyecto de investigación del desierto del Taklamakan. Este investigador era discípulo del geógrafo, geólogo y orientalista alemán Paul Wilhelm Ferdinand von Richthofen, a quien debemos el término Ruta de la Seda. En 1900, tras documentar hallazgos, entre ellos una casa de madera, una tremenda tormenta de arena descubrió un gran asentamiento construido con ladrillos cocidos: era la fortaleza de Loulan, enterrada en el desierto durante unos 1.500 años. Loulan había sido uno de los más importantes y extensos hitos caravaneros de la Ruta de la Seda durante la dinastía china Han (206 a. C. a 220 d. C.); y fue definida como “la cuna de la civilización de la Edad Media”. Sven Hedin descubrió además restos de cultura material de épocas prehistóricas, que demuestran que la zona de Lob Nor estaba habitada por cazadores-recolectores en el 8000 a. C.; también hubo ocupación humana en el periodo Neolítico y la Edad del Bronce, con una continuidad que entronca con épocas históricas.

Otro explorador, el húngaro nacionalizado británico Aurel Stein, descubrió la ciudad de Haitou en 1914 y continuó sus excavaciones a partir de 1915. Documentó enterramientos con momias, ropajes y ajuares en buenísimo estado de conservación, producto de la extrema sequedad del entorno que ha conservado cuerpos momificados de unos 4.000 años de antigüedad, de aspecto caucasiano europeo, lo que en la zona era altamente insólito. Esos rasgos físicos podrían relacionarse posiblemente con los tocarios, indoeuropeos que habitaron ese área entre 1800 a. C. y el primer milenio de nuestra era. También descubrió tablillas de madera y papel con escrituras china e india, cartas, y registros legales de entre 1500 y 1700 años de antigüedad.

Por otra parte en los años 70 del pasado siglo, el lago Lob Nor se desecó por la explotación no planificada y abusiva de sus aguas. Es también, una parte de esa zona, tristemente célebre por las pruebas nucleares chinas. Estas circunstancias retrasaron las investigaciones. Pero en 1979 se reanudaron los trabajos arqueológicos y fueron excavados cuarenta y dos grupos de enterramientos en un túmulo funerario del denominado Círculo Sagrado y Río Kongque, en los que se documentaron pequeñas figuras, posiblemente de diosas, exponentes de una preocupación por el Más Allá por parte de sus antiguos habitantes.

La ciudadela de Loulan fue excavada en 1980 por arqueólogos chinos y al efectuar una prospección aérea se comprobó que esta fortaleza estaba situada en una isla entre ríos desaparecidos. Además documentaron en uno de los enterramientos, un cuerpo de mujer momificado al que se denominó la Belleza de Loulan, de rasgos caucásicos, con una cronología de más de 3.800 años. La investigación siguió su curso y, con los años, a estos hallazgos siguieron otros de cronología más moderna, pero también en muy buen estado de conservación. Fueron en estas excavaciones de 1979 y 1980 donde se documentaron monedas posiblemente del Mesolítico, anteriores al 5000 a. C.

En 1985 fue encontrado al Oeste de Khotan, el denominado Hombre de Cherchen, datado en 1000 a. C. también de rasgos caucásicos y momificado. Junto a él se hallaron, con las mismas características y condiciones de conservación, los enterramientos de tres mujeres y de un niño de corta edad al que estaba asociado un biberón de piel de oveja, probablemente el más antiguo conservado. También se documentaron objetos de cobre, lo que ha hecho suponer que fueron estos pueblos los introductores de este metal en China.


Como era lógico, los intereses políticos, muy relacionados con la arqueología en más ocasiones de lo deseado, hicieron su aparición. China ocultó el descubrimiento porque sus tensas relaciones con el entonces vecino soviético, no favorecían el que en su territorio se documentaran enterramientos caucásicos y no chinos. Además, los independentistas de la etnia uigur no habrían estado ajenos a reivindicaciones. Sin embargo, las circunstancias políticas posteriores favorecieron la apertura. Incluso se llegó a permitir la participación de japoneses en las expediciones chinas. Estas investigaciones conjuntas dieron resultados de gran interés, según los registros arqueológicos. También ha habido, en los años 90 del siglo pasado, una expedición arqueológica producto de la colaboración suizo-china en el Lob Nor para documentar asentamientos situados alrededor de la ciudad de Haitou. Este trabajo ha sido de la mayor importancia, después de los trabajos de Aurel Stein y de los efectuados en 1988. En esos contextos de colaboración y en otras excavaciones de arqueólogos chinos en los años 2003 y 2005 y en la actualidad, se continúan documentando importantes hallazgos en esos entornos. Concretamente en el año 2003, en el oasis al Sur de la Depresión de Turfán, entre 2.000 tumbas y 600 momias de la zona, fue hallada la momia de un hombre de rasgos caucásicos, de unos 2800 años de antigüedad. Muy significativo es que entre los objetos del ajuar asociado, se encontró una bolsa con hojas de la planta de la marihuana. Este descubrimiento podría significar que fuese un chamán que utilizara esta planta, no usada en la antigua China, para propiciar la trascendencia en el transcurso de determinados rituales.

Son de la mayor significación otros enclaves de este entorno, también objeto de investigación por parte de exploradores europeos, desde principios del siglo XX. Es esencial destacar, a este respecto, cuevas con magníficas pinturas murales al fresco; realmente monasterios budistas que albergaban grandes bibliotecas; enclaves de un valor cultural incalculable. Cercanas a Turfán, se encuentran las numerosas cavidades denominadas Cuevas de los Mil Budas de Kizil y Bezeklik, con ocupación monacal desde el siglo III y desde el siglo VI al XVI respectivamente. En las de Bezeklik se pueden identificar, además de pinturas budistas, representaciones maniqueas y cristianas nestorianas. Pero también ejemplos del arte tocario, como consta en una pintura que incluye un monje budista de rasgos caucásicos y cabello rojizo. El estado de conservación de ambos conjuntos es lamentable por causa de la depredación humana. Su expoliador occidental, a principios del siglo XX, fue el alemán Albert von Le Coq, que arrancó frescos para trasladarlos a Alemania, junto con otros materiales. Depositados en Berlín, parte de ellos fueron destruidos por los bombardeos de devastación en la Segunda Guerra Mundial y parte robados por miembros del ejército soviético en la toma de la ciudad. La actitud de Albert von Le Coq no fue exclusiva, ya que Sven Hedin, Aurel Stein e investigadores de otras nacionalidades, enviaron grandes cantidades de antigüedades de la zona a museos de todo el mundo, cosa común en la época. Pero esa costumbre de desvalijar, unida a la espectacularidad de los hallazgos, decidió a los gobernantes chinos en 1930, prohibir cualquier investigación en ese área a los expedicionarios extranjeros.

Sin embargo, no toda la responsabilidad es achacable a los europeos, puesto que las Cuevas de los Mil Budas de Bezeklik sufrieron anteriormente, los destrozos provocados por las invasiones y guerras de época medieval y mucho después el vandalismo de los Guardias Rojos de la denominada Revolución Cultural en época maoísta. Una magnífica noticia es que en 2009 se ha puesto en marcha el “Proyecto de rescate y protección de las reliquias importantes de la Ruta de la Seda (trayecto del Xinjiang)”. Es un proyecto integral de esta zona de la Ruta de la Seda. La depredación va dando paso a la concienciación para la conservación de este legado único de Asia Central a la Humanidad.

Esta zona de Asia, muy desconocida en Occidente, registra ocupación humana desde la Prehistoria, con una continuidad en asentamientos de gran importancia en el área de los actuales desiertos del Taklamakan y Lob Nor. Contaron además, hace unos 4.000 años, con culturas caucasianas sedentarias, contemporáneas del Neolítico europeo, que vivían en núcleos poblacionales, dedicadas a la caza, la ganadería y la agricultura, favorecida por los sistemas de regadío con el agua de las cordilleras circundantes.

Muchos y muy significativos son los restos de cultura material documentados. Merecen especial atención por su antigüedad y grado de conservación, los enterramientos de cuerpos momificados, al parecer de forma natural por causa de la sequedad y salinidad del clima. Podrían relacionarse con el cuerpo momificado del hombre hallado en un glaciar bajo el Hauslabjoch, en el Ötzal posterior, en la zona de los Alpes entre Austria e Italia al que se le atribuye una antigüedad de entre 3300 y 3200 a. C. La Belleza de Loulan se data en unos 3800 a. C. Ambos se insertarían en el Neolítico, pero aunque de mayor antigüedad, la Belleza de Loulan es casi desconocida, en cambio el Hombre de Ötzi ha tenido una gran difusión. Lo mismo sucede, para Occidente, con todo lo referente a esta parte de Asia Central,

Estas culturas enlazarían posiblemente con la de los tocarios, pueblo o pueblos caucásicos de lengua indoeuropea. Su existencia, como hemos comprobado por su extensión cronológica, fue coetánea de los pueblos europeos de la Edad del Bronce; Primera Edad del Hierro, que en la Península ibérica coincide con el mundo tartésico; Segunda Edad del Hierro, que en la Península ibérica incluye la cultura ibérica y celtibérica y el mundo romano republicano; pero los tocarios continuarán su andadura cultural hasta mediado el siglo VII, es decir, durante toda la extensión cronológica del Imperio romano, cuyo final se documenta en el siglo V, y los inicios de la Edad Media, siendo contemporáneos del Reino Visigodo en España. Una duración tremendamente larga para un devenir cultural, con una actividad comercial en estos territorios de Asia Central, muy próspera en plena expansión de la Ruta de la Seda.

En tiempos de la dinastía Tang (618-907) China extendió su control sobre los oasis de esta Ruta, excepto en épocas de dominio mongol y tibetano. A mediados del siglo VII China derrota a los reyes tocarios, y su civilización, incluido su sistema de creencias, es progresivamente aculturada. En la actualidad, la población rural de los antiguos oasis, actuales asentamientos, está formada esencialmente por uigures y kazajos, aunque en las áreas urbanas predomina la población china. Esta zona, siempre proclive a maravillarnos, nos ha proporcionado también, relacionados con la Ruta de la Seda, los magníficos conjuntos de las Cuevas de los Mil Budas.


Las buenas condiciones de vida en la zona del Taklamakan fueron empeorando por la progresiva desecación que produjo su desertización. Sin embargo, estos entornos llenos de misterio y leyendas no cesan de proporcionarnos testimonios de su extraordinario pasado. Parece que siempre guardasen fabulosas sorpresas al investigador que van desvelando poco a poco, sutilmente, de lo no evidente a lo evidente. Las arenas tapan, ocultan grandes e insustituibles tesoros culturales, luego se abren y los muestran para volverlos a ocultar. Todo yacimiento arqueológico desconocido podría considerarse secreto, aunque abierto a la posibilidad de su descubrimiento. ¡Taklamakan, Lob Nor, cuántos secretos habrán guardado sus arenas!


© 2010 by Julio González-Alcalde


 

 

 

 

 

 






 

 

 

 

 

 

 

 






 

 

 

 

 

 

 

 






 

 

 

 

 

 

 

 






 

 

 

 

 

 

 

 






 

 

 

 

 

 

 

 






 

 

 

 

 

 

 

 








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