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 Artículo

Benarés, Varanasi, Kashi, La Ciudad Luminosa.

Cuatro escritores, cuatro visiones.

SEVERO SARDUY. (1937-1993)
Benarés.
Los prospectos turísticos siempre tienen razón. La prueba, esta frase, leída en un folleto rojizo, de tipografía brumosa: “Dejarás a Benarés, pero Benarés no te dejará. Algo en ti, adentro, habrá cambiado para siempre”. Es difícil decir algo más justo, ni responder a la pregunta que se plantea a cada regreso a la India.

¿Por qué ir a meditar a Benarés si puedes meditar en cualquier lugar? Y por otra parte, ¿no hay en cualquier lugar más silencio, menos simios agresivos y maniáticos, menos leprosos agarrándote por la camisa con sus largos dedos que devoran llagas rosadas?.

No hay, en definitiva, más que una diferencia entre Benarés y ese otro paisaje utópico. En las márgenes del Ganges, lo que piensa es el espacio mismo. Los hombres y las cosas emiten signos, como si los atravesara un sentido, como si los sacudiera una fuerza que pertenece a la divinidad o a lo demoníaco, y cuya proximidad está marcada por algo que es como una incandescencia, como la quema de lo indecible. (...) Poco importa en nombre de que dios, pero hay que bañarse en el Ganges. A las seis de la mañana, esa convicción que otorga el fanatismo, permite encontrar transparente y fresca un agua que en realidad blanquean aún las cenizas de las incineraciones de la víspera.

Además: alquilo una de las canoas contrahechas y ahuecadas que recorren el río, junto a los ghats. Subo con mi amigo y en medio de la corriente, tiro al agua el manuscrito, cuidadosamente mecanografiado, de una de mis novelas. El barquero atónito, en un inglés británico, voz de soprano, me pregunta si es un libro sagrado.

Previsible resultado: las aguas milenarias no aceptan mi “ofrenda”. El manuscrito acartonado flota, a la deriva, no se hunde, y lo que es peor, se va alejando poco a poco hacia la mala orilla. Los tres, filósofo, barquero y autor rechazado, perseguimos al texto malhadado sobre las aguas y le entramos a remazos encarnizados. Hasta que se lo lleva la corriente. Hacia el delta, hacia dios.

(...) Benares no es una ciudad, sino un borde: uno de los bordes del Ganges. También el borde de la tierra, ya que esas aguas, se afirma, comunican directamente con el Cielo: el río es como el doble, o el reflejo, de otro río invisible, que fluye en otro espacio, en un tiempo sin tiempo, cuya fuente coincide con la de toda posible creación, incluida esa creación de lo ilusorio que denominamos realidad.

Sólo un borde es habitable, el otro, por decreto metafísico, está asimilado a la condena, a la invisibilidad. En el margen posible se acumulan casonas inglesas, de un azul pálido y descarado, templos de monos, hogueras y barcazas, por el suelo se extienden interminables bandas de tela que antes se han golpeado contra las rocas: franjas bermellón paralelas, naranja quemado, negro y oro, que dibujan, a primera vista desde lo alto, como un emblema de buen augurio antes de la inmersión ritual.

JEAN MICHEL ANGEBERT (1944- )
Las ciudades mágicas.
El carácter sagrado que los hindúes asignan a Benarés no se limita a los alrededores de la ciudad del Ganges. La influencia de la divinidad tutelar se extiende al conjunto de la ciudad cuyo plano reproduce la forma de media luna situada encima de la cabeza de Shiva.

La ciudad se encuentra en la orilla izquierda del Ganges (la orilla sagrada) entre sus afluentes: el Varuna al Norte y el Assi al Sur, así como por la gran carretera de Panchkosi (circuito de peregrinación sagrado). Esta describe casi un semicírculo alrededor de la aglomeración cuyo centro está ocupado por el pozo sagrado de Manikarnika, primer lugar de peregrinación, y el radio abarca once kilo-metros aproximadamente.

En el aspecto esotérico, es interesante observar que al atravesar la ciudad de Shiva, el Ganges describe una curva majestuosa que le hace correr en dirección al Norte, hacia el Himalaya, morada del “Señor de las Montañas”. El hecho de que la orilla habitada esté de cara al sol levante, es decir, al Oriente, contribuyó indudablemente a la elección del emplazamiento por los fundadores arios de la ciudad, adoradores del dios-sol Suriya, presente en las más antiguas cultura hindúes.

(...) No puede uno darse cuenta de la magnificencia de Benarés más que si va a la orilla del río. Solo allí se llevará una imagen del esplendor védico que brilla siempre a través de los aspectos sórdidos y vulgares de la ciudad moderna. Estamos en una mañana de diciembre, a la temprana luz del alba.

Una luz cuprífera aparece por Oriente, los Ashvinos, heraldos mellizos de la aurora, surgen por el horizonte. Unas volutas en espiral de la bruma del calor se elevan del río tranquilo y un manto de niebla láctea se extiende sobre la arena desnuda por el retroceso de la oleada del monzón. El rey Soma en forma de Luna, se mete detrás de los ghats y en la cálida luminosidad de sus rayos plateados, apa¬recen las formas fantásticas de los monasterios y los palacios cuyas siluetas maci¬zas emergen de la niebla, desplomándose sobre el Ganges. Algunas embarcaciones cruzan la ciudad santa. La luz del día brilla como Ushas, la encantadora diosa de la aurora, amada de los poetas vedas, vestida de azafrán y de rosa, abriendo bruscamente las puertas del cielo. Ahora pueden distinguirse con mayor claridad los detalles de los ghats, los tramos de escaleras de dimensiones colosales, los gigantescos pilares, las escolleras de madera que avanzan entre las aguas sagradas, sombrillas hechas de hoja de palmera, enormes champiñones bajo los que se resguardan los ghatillas (niños de los ghat) dispuestos a prestar pequeños servicios a los bañistas. Más lejos se ven los innumerables bulbos de los templos hindúes, dominados por los orgullos minaretes de la mezquita de Aurangzib.

VICENTE BLASCO IBAÑEZ (1867-1928)
La vuelta al mundo de un novelista. Libro III.
(...) Benarés, más antiguo que la historia de la India, tiene perdido su origen en las brumas de la leyenda. Si los brahmanes saben que nació en el mismo sitio que ahora ocupa, es por haber señalado su solar divino Shiva con la punta de su tridente.

Se esparce la ciudad por la orilla izquierda del Ganges. Enfrente, la ribera es arenosa y desierta. En su amarillento declive rara vez se ven seres humanos y nadie se ha atrevido a construir una vivienda. El creyente que muere en la orilla izquierda, o sea en la santa Benarés, queda libre de nuevas transmigraciones y su espíritu goza de las delicias de no existir, fundiéndose en la esencia de Brahma. Si fue un gran pecador, su alma se encarna en el cuerpo de un futuro brahmán, y al finalizar esta última trasmigración, logra la suerte de los buenos, ya mencionada. En cambio los que mueren en la orilla derecha dan un salto atrás en su carrera transmigratoria, naciendo de nuevo en forma de asno u otro animal de esencia vil y esclavitud fatigosa. Únicamente el rajá de Benarés ha osado construir su palacio en la orilla derecha, pero a cierta distancia de la ciudad río arriba..


La suprema ilusión del indostánico es morir en Benarés, ser quemado en su ghat fúnebre y que sus cenizas las arrojen al Ganges. Los pobres hacen economías para este viaje final. Todos los príncipes de la India poseen palacios en Benarés. Lo olvidan años y años, mientras se mantiene firme su salud, y vienen a habitarlos al sentir la proximidad de la muerte. Aquí se ven los funerales más fastuosos de la india, las incineraciones en piras de sándalo y otras maderas perfumadas. Dichos ritos fúnebres, reservados a príncipes y nababs, atraen incalculables muchedumbres, ganosas de aspirar los olores de un brasero cuya preparación costó una fortuna.


El frente de la ciudad vecino al río es el monumental, el que constituye la verdadera fisonomía de Benarés. Como el Ganges sufre aquí desniveles de ocho a diez metros entre su corriente ordinaria y las crecientes periódicas, todos los edificios inmediatos a él se hallan asentados sobre gruesas murallas que se remontan a considerable altura, sin una ventana, sin el menor orificio, semejante a los malecones de los puertos. En dichos acantilados, obra del hombre, solo a quince o veinte metros empieza el verdadero edificio, abriendo sus filas de ventanas y el arquerío de sus galerías cubiertas sobre el río profundísimo.


Se cortan las calles flanqueadas de palacios al llegar al río, derrumbándose ribera abajo en forma de escalinatas con más de cien peldaños que se van ensanchando hasta tocar el Ganges. La curva de la ciudad es una sucesión de malecones en rápido talud, sobre cuyo lomo se alzan palacios, verdes, azules, rojos, con arcadas de alabastro y torres en forma de piñón. Entre estos edificios aparecen los ghat, pirámides descendientes, con su graderío siempre ocupado por una muchedumbre de vestiduras colorinescas.


Esta capital religiosa del mundo brahmánico vio nacer dentro de ella el budismo. Es la Roma de la India, pero una Roma tan antigua como muchas ciudades del viejo Egipto, y que aún no ha muerto, como estas. Sigue viviendo vigorosamente después de treinta siglos de historia conocida y prolongará todavía su existencia en un futuro que hasta ahora parece sin límites. (...)


SANKARA. Siglo VII, escribió en sánscrito.
(...) Kasi, la ciudad que adorna el río Ganges, es de entre todas las ciudades la más digna de elogio, ya que es la que otorga la más alta liberación. Situada en ella, Manikarnika (de la cual la propia Liberación Mukti, no es sino una simple servidora) es lugar de la suprema felicidad. Cuando Brahma puso en un plato de la balanza el Cielo y los Dioses y en otro puso a Kasi, ésta que era la más pesada permaneció en tierra, mientras que el Cielo y los Dioses, por ser más ligeros quedaron en lo más alto.


Todo lo que se encuentra a orillas del Ganges es excelente, pero más lo es Kasi y todavía más lo es Manikarnika, que es el lugar donde Isvara concede la liberación. Este sitio, que es inexpugnable incluso para los dioses, destruye más pecados de los que se pueden encontrar. Pero de esto se benefician los más puros que han sabido acumular numerosas virtudes a lo largo de sus nacimientos previos.


 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 






 

 

 

 


 

 

 

 

 

 

 

 

 

 




 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


 

 

 





 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 




 


 

 





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