Entrevista a Moshen Hamid
Jai Arjun Singh.
Periodista.
Amplio extracto de la entrevista realizada por el periodista indio Jai Arjun Singh al escritor pakistaní Mohsen Hamid, cuya obra “El fundamentalista reticente”, ha ganado en 2008 el premio South Bank Show y ha sido finalista del prestigioso Man Booker Price y del XXII Commonwealth Booker Prize, se ha traducido a varias lenguas y ha recibido encendidos elogios de la crítica.
JAS: En tu novela El fundamentalista reticente (Tusquets, 2008) has escogido la forma de un monólogo dramático que un pakistaní le dirige a un americano. ¿Es tu novela “la conversación de un hombre dividido consigo mismo”, tal y como has escrito en algún sitio?
MH: Sí, aunque la misma naturaleza del monólogo dramático indica una toma de postura. En el caso de mi novela sólo escuchamos el lado pakistaní, pues el contertulio americano nunca llega a hablar, por lo que la novela evidencia en gran medida su naturaleza doble. Pero en mí interior la parte americana estaba hablando alto y claro y yo pensaba en sus respuestas a la hora de la creación.
JAS: a diferencia de Changez, el protagonista de tu novela, que se va haciendo cada vez más paranoico y autodefensivo acerca de su identidad como musulmán que vive en los EEUU, ¿te sientes cómodo con tus dos partes?
MH: Me siento más cómodo que Changez, pero no totalmente a mis anchas. Incluso para los que no han abandonado nunca su país natal, las fuerzas de la globalización aseguran que nos sintamos al menos ligeramente incómodos, divididos de nosotros mismos, si bien todavía se trata de una incomodidad razonable.
En el caso de las personas más emotivas y dependiendo de cómo las circunstancias internacionales y políticas actúan sobre ellos, las reacciones pueden ser más o menos fuertes. Para alguien en Irak o Palestina pueden ser increíblemente fuertes. Para un musulmán que viva en Nueva York, suelen ser moderadas. Para los que pasan la vida en el Club Med son normalmente débiles.
Los seres humanos tenemos fisuras en nuestro interior, y las circunstancias externas se combinan con la naturaleza particular de las fisuras de cada individuo. Yo gozaba de mayor sensación de seguridad que Changez, pero ello no quiere decir que en mi interior no haya fisuras.
Quisiera hablar un poco sobre los elementos autobiográficos en mi trabajo, pues es algo sobre lo que me preguntan con frecuencia. Yo tiendo a hablar de aquello que conozco, por lo cual lo que escribo puede parecer autobiográfico. ¿He conocido a gente que creció fumando charas y bailando en raves, y que después acabaron enganchados a la heroína [referencia a su primera novela Humo de mariposa, Akal literaria, 2005]? Sí. ¿He estudiado en Princeton? Sí. ¿He trabajado para una gran compañía neoyorquina? Sí. Por el contrario, ¿Soy yo alguno de estos personajes? No-
JAS: déjame hacerte una pregunta sobre la interacción social: ¿Cómo repartes el tiempo entre la escritura y tu decididamente no-literario trabajo como asesor?
MH: Trabajo tres días a la semana y paso el resto del tiempo escribiendo. Ser asesor es mi fuente de ingresos principal, ¡incluso si estás escribiendo una novela hay que pagar el alquiler!
JAS: Ha habido últimamente en India una corriente de libros escritos por personas que tienen trabajos a jornada completa, sin ninguna conexión con la escritura que, sin embargo, no han tenido apenas eco de crítica. En lugar de eso, suelen denominar sus obras como “literatura masculina”, un calificativo mucho más acorde con ciertos patrones de los mercados de masas. En cambio, tú eres el ejemplo de un profesional que ha conseguido el reconocimiento del público y la crítica y se te califica de escritor literario.
MH: No creo que se trate de una oposición del tipo tiempo parcial/jornada completa, o trabaja/no trabaja: hasta Kafka tenía un empleo. Mi pregunta a los que tienen otros trabajos pero no se les toma demasiado en serio como escritores sería: ¿Realmente quieren que se les tome en serio? La mayor parte de la escritura en el mundo es prudentemente no literaria, ya que en el fondo el término “literario” se aplica a libros con escaso nivel de ventas. A nadie le importa si Harry Potter es o no es literario; el hecho es que llega a más lectores que toda la literatura del Sur de Asia junta.
Otro aspecto es que hay una parte del deseo de obtener reconocimiento literario que tiene mucho que ver con la gloria literaria, que es algo diferente de la dimensión económica de la escritura. Puede ser que los escritores que no tienen otra fuente de ingreso intenten conseguir la gloria con más ahínco porque su nivel de vida es más bajo.
Un tercer aspecto del problema es que las novelas literarias necesitan un tipo de mentalidad, un proceso de pensamiento y una preparación psicológica tan particulares que este tipo de personas rara vez encajan en el mundo laboral. La razón para ello es que las mentes configuradas para la construcción de universos interiores de gran tamaño y complejidad (que es cómo se escriben las novelas) suelen ser poco gregarias.
JAS: y también suelen encajar mal en la típica rutina de 9 a 6.
MH: Claro, claro, y no sólo eso, sino que además tampoco se adaptan bien al nivel de interacción social. Muchos grandes escritores son socialmente incompetentes. Pero incluso si logras adaptarte al patrón de lo que mundialmente se ha convertido en la rutina de 9 a 9, existe otro problema: el mismo proceso de hacer bocetos y correcciones, de plantearte todo lo que sucede, que es lo que hace el escritor literario, implica que cuando entras en un ambiente de trabajo estándar, lo veas como un ambiente absolutamente ridículo y arbitrario. Rechazas convertirte en un peón.
JAS: Pero obviamente tú entiendes el funcionamiento de una mente de esas características y sin embargo te apañas para seguir trabajando en un medio de trabajo normal. ¿Cómo consigues este equilibrio tan difícil para el “escritor serio”?
MH: Sigo pensando en dedicarme a escribir a tiempo completo y puede que lo haga en un futuro próximo, sobre todo ahora que la novela se ha convertido en un best-seller. Sin embargo el único aspecto a considerar no es sólo la viabilidad financiera del proyecto. Hay más implicaciones. Para ser honesto me asusta un poco la idea de vivir la vida solo en mi estudio, exclusivamente dedicado a la escritura. Por eso doy gracias a Dios por estar casado. No creo que pudiera ni siquiera soñar con escribir a jornada completa si no lo estuviera. El hecho de pasar tiempo con mi mujer al final del día, cenar juntos, salir, viajar juntos… Todo esto me mantiene centrado y socialmente activo. También creo que la familia puede cumplir ese papel de poner tu ámbito social en su sitio. El escritor a tiempo completo que vive donde se encuentra la gente que conoce tiene más posibilidades de sentirse a gusto que el escritor nómada, por poner un ejemplo. Para mí sería más fácil dedicarme exclusivamente a la escritura en Lahore que en Londres.
JAS: Me ha llamado mucho la atención la calidad del juego literario de tu novela. Detalles como los nombres de Erica/América, Underwod Samson/U.S., o el nombre del protagonista, Changez, que “cambia” a lo largo de la historia [el autor hace un juego de palabras entre el popular nombre subcontinental Changez y el verbo to change, cambiar. N. del t.]. Después está el tono, en parte respetuoso y en parte sardónico, que le confiere al texto gran agudeza. ¿Usaste estos recursos para aligerar el relato, para contrarrestar la gravedad de los asuntos con los que el libro se enfrenta?
MH: Mi opinión es que para un escritor es fundamental conseguir la ligereza de tono, ser capaz de compensar la gravedad u oscuridad de la materia sobre la que escribe. A nivel físico, ello te ayuda a producir un libro no demasiado voluminoso. Yo he pulido mi novela hasta que no podía ser más corta [El fundamentalista reticente no tiene más de 200 páginas]. La idea no es eliminar la complejidad de las ideas, sino reducir el peso del proceso de lectura.
Me alegra mucho que menciones el juego literario, porque no mucha gente me lo dice. A menudo la gente se vuelve literal sobre estas cosas. Me preguntan si creo posible que Changez se pase cuatro horas en el bazar de Anarkali de Lahore hablando con un turista que no pronuncia una sola palabra. ¡La respuesta es NO, por supuesto que no! En pocas palabras, lo que sucede en este libro es que el lector entra en un teatro en el que en escena hay un único actor que le conduce a través de la obra.
A menudo me dicen que mi anterior novela, Humo de mariposa es un libro realista sobre un traficante de drogas, pero lo que olvidan es que en el marco de la obra hay un viaje a la era de los Mogoles: el lector se encuentra en un extraño tribunal en el que es el juez y todos los personajes testifican ante él. Es un escenario teatral, algo a lo que también he recurrido en mi nuevo libro. Para mí es muy importante la idea de que estos tipos de narrativa realista se sitúen en un marco formal de juego literario, porque las nociones de arte como artificio, arte como marco y arte como algo no real son fundamentales.
No estoy entre los escritores con tendencias al realismo mágico. Personalmente me parece una práctica más bien aburrida. Lo que me interesa es el realismo, aunque soy consciente de que la cuestión está en el tratamiento que se le dé al realismo. Uno de dichos tratamientos es el juego literario. La manera en la que nos enfrentamos a una película es interesante como ejemplo. El espectador entra en el cine con sus palomitas, pasan los créditos y empieza la peli… existe todo un proceso previo a la experiencia en sí misma. Del mismo modo, ¿por qué no puede el lector de un libro contar con un intermediario que le permita moverse desde su propio mundo hasta el de la narrativa y discutir dicho movimiento? Espero que en mi libro este recurso ayude al lector a situar su mente de forma ligeramente distinta; el recurso nos convierte a ambos en jugadores del mismo equipo.
JAS: todo esto nos lleva a la cuestión de los escritores cuyos estilos te influyeron cuando eras un joven lector. Has mencionado que el realismo mágico nunca fue tu favorito.
MH: Creo que el realismo mágico puede ser hermoso, Los hijos de la medianoche (editorial De bolsillo) fue un libro fantástico, así como El amor en los tiempos del cólera. Sin embargo creo también que el momento del realismo mágico ha pasado; no estoy seguro de a dónde nos conduce. Supongo que en mi propia escritura hay un elemento de realismo mágico, pero en mi caso el realismo está en la trama y la magia se sitúa en la relación del personaje con el lector. No tengo claro el uso de la magia en la parte narrativa de una novela.
También me han influido mucho los experimentos modernistas de los relatos de Borges, o cómo Italo Calvino y Nabokov convierten la relación con el lector en un elemento central de la obra. También hay que contar al Camus de La caída. No puedo olvidar la tradición americana, con sus obras tan trabajadas a partir de la experiencia. Un ejemplo claro son el Fitzgerald de El gran Gatsby o el mismo Hemingway, autores que estaban íntimamente relacionados con la materia de la que escribían. Siempre me ha gustado el modo en que estos autores pulen sus obras, como decíamos antes. Sin duda, Hemingway es un maestro del arte de eliminar elementos superfluos.
Después están los novelistas afroamericanos como Toni Morrison, interesantes por ser la respuesta de una parte de la sociedad bajo continua sospecha en el sistema de poder americano. Imposible no referirse a ellos como escritor musulmán de hoy en día, evidentemente.
No tengo favoritos claros entre los novelistas británicos contemporáneos, aunque me encanta la obra de Kazuo Ishiguro, la precisión de su prosa y la manera en que su voz crea a los personajes de Lo que queda del día (Anagrama), y cómo el lector se va dando cuenta de lo que sucede. Su más reciente Nunca me abandones (Anagrama) ha recibido mucha menos atención de lo que merecía, aunque es una obra maestra, una visión ligeramente tangencial de nuestro mundo, que ilumina gran parte de lo que realmente somos.
JAS: A menudo has expresado tu descontento con la percepción internacional de Pakistán como una sociedad atrasada y conservadora. Para muchos de los que lo hemos leído Humo de mariposa revela una faceta hasta ahora oculta del país: las raves y los personajes cosmopolitas de las grandes ciudades. ¿Por qué no oímos más de esas voces?
MH: En mi generación tenemos a Kamila Shamsie (Kartografías, ed. Tropismos) y a Uzma Aslam Khan (Intrusos, La geografía de Dios, ambos en ed. Alfaguara); pero lo que hay que recordar es que la literatura en inglés no tiene ni en India ni en Pakistán un tipo de mercado que permita al escritor vivir de sus obras. Aquí se define un best-seller como un libro que ha vendido 10.000 copias. Digamos que un ejemplar cuesta 500 rupias y que el autor se lleva un 10%. Eso sumaría unos 5 lakh (500.000rupias, N. del T.) por un libro que te puede haber costado cinco años de trabajo. Es decir, un lakh al año. Y estamos hablando de una situación ideal. Puede que haya sólo tres o cuatro autores que encajen esta categoría. Es esencialmente imposible, como puedes ver.
Pero el motivo por el que la literatura en inglés es tan popular es porque India ha producido escritores de la talla de Salman Rushdie, Vikram Seth y más tarde Arundhati Roy. Ahora estamos viendo el resultado de ello en forma de una maravillosa corriente constante de obras literarias. En Pakistán no se dio esta situación. Tenemos a Bapsi Sidhwa (Agua, Grijalbo) y a Sara Suleri y algún otro, pero ninguno que haya alcanzado el estrellato internacional como Rushdie o Seth. Por eso creo que los escritores pakistaníes de mi generación somos los primeros coletazos de un gran movimiento. No estoy diciendo que estamos en la misma liga que Rushdie o Seth, pero al menos estamos consiguiendo algo de reconocimiento internacional en incluso llegando a ser best-sellers en algunos países.
La experiencia india ha sido algo excepcional, el éxito internacional ha conducido a la aparición de un movimiento literario autóctono. Pakistán ha ido a la zaga pero esto va a cambiar, creo yo. En los últimos tiempos estoy en contacto con escritores jóvenes que me han enviado sus manuscritos. Creo que en los años venideros vamos a ser testigos de un importante florecimiento de la literatura pakistaní.
JAS: ¿Cual es tu opinión sobre la llamada literatura india en inglés?
MH: Si lo comparamos con la enorme calidad de lo anterior, ya sea el realismo mágico de Rushdie o la amplitud de temática de Seth o la caprichosa belleza primero y posteriormente el polemismo político de Arundhati Roy, creo que actualmente hay una situación de pausa. Por supuesto que hay extraordinarios escritores como Suketu mehta (Ciudad Total, Mondadori), Kiran desai (Alboroto en el guayabal, El legado de la pérdida, ambas en ed. Salamandra) o Pankaj Mishra (Los Románticos, Para no sufrir más, ambas en ed. Anagrama; Pollo a la mantequilla en Ludhiana), a los que admiro mucho. Pero en conjunto el panorama es menos excitante en términos de calidad. Quizá la literatura india en inglés esté en un punto en el que hay nuevas técnicas y temáticas por descubrir. Quizá estamos en el momento previo a una segunda explosión de la literatura india en inglés que coincida con la primera de la literatura pakistaní en inglés. En todo caso la situación actual no es desesperada.
©2009 by Jai Arjun Singh http://jaiarjun.blogspot.com/
© 2009 de la traducción al español by Jacinto Pariente
Libros de Mohsen Hamid a la venta en Indicalibros- Asia Libros |
|