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Cuentos del Japón viejo

José Pazó.

Escritor, profesor, y traductor de japonés.

En 1906, un joven en Madrid con inquietudes, Gonzalo Jiménez de la Espada, se presenta a una plaza del gobierno japonés para trabajar como profesor de español en Tokio. No le frena el haberse casado recientemente, ni el tener ya un hijo. La obtiene, y los tres embarcan rumbo al Japón, a donde llegarán en septiembre de 1907.

El Japón de la restauración Meiji, es un país en plena transformación. Hasta entonces y a partir del siglo XVII había estado completamente aislado. En la era Meiji, Japón se abre al exterior y decide desarrollar la tradición del rangaku o estudio de la ciencia occidental para convertirse en una potencia mundial y modernizarse. Durante décadas, el gobierno contrata a profesores occidentales para que transmitan sus conocimientos científicos y lingüísticos a una nueva generación de japoneses. Gonzalo Jiménez de la Espada participa en ese proceso.

En aquel entonces había pocos extranjeros en Japón. Gonzalo se incorporó a sus clases inmediatamente, en la Escuela de Lenguas Extranjeras de Tokio (Tokyo gaikokugo gakko), que tras la segunda guerra mundial se convertirá en la prestigiosa Universidad de Lenguas Extranjeras de Tokio, Tokyo gaikokugo daigaku.

En torno a Gonzalo Jiménez de la Espada se fue formando un grupo de jóvenes hispanistas nipones, fieles y entusiastas discípulos, que con el tiempo llevarían a cabo la primera traducción del Quijote al japonés y el primer diccionario español-japonés. Dichos discípulos, entre los que destacaban Nagata –que llegó a ser rector de la Universidad de Estudios Extranjeros de Tokio– y Kasai, fueron los precursores del hispanismo japonés, iniciando una tradición que llega hasta nuestros días.

Por esos años, Gonzalo emprende también traducciones al español. Una de ellas es Bushido: El alma del Japón. Entra también en contacto con él un innovador editor de Tokio, Takejiro Hasegawa, que lleva años publicando en distintas lenguas europeas una serie de cuentos tradicionales japoneses los mukashibanashi. Hasegawa le propuso traducirlos al español y Gonzalo aceptó con entusiasmo.

Takejiro Hasegawa nació en 1853 en el seno de una familia de comerciantes de Tokio. En 1884, Hasegawa fundó la editorial Kobunsha que se dedica a libros ilustrados y traducciones del japonés a otras lenguas. Sus tiradas eran muy pequeñas, de quinientos o mil ejemplares. También publicó calendarios y reproducciones de maestros de la estampa japonesa, como Hiroshige y Hokusai. Murió en 1938, pero su actividad editorial la continuarán sus descendientes hasta los años 90 del siglo XX.

Los libros publicados por Hasegawa son importantes como obras de arte y como expresión cultural de un momento clave en la historia japonesa. En ellos, las ilustraciones son obras de artistas que beben directamente de la tradición japonesa del grabado y que a menudo se inspiran en los grandes del género: Hiroshige, Utamaro y Hokusai. La mayoría de las ilustraciones son de Kobayashi Eitaku, buen amigo de Ernest Fenollosa. Otras se deben a Kason Suzuki, Shoso Mishima, Yoshimune Arai y Gyokusho Kawabata. Las ilustraciones de los cuentos que presentamos son de Kobayashi Eitaku, salvo las de Su majestad saco de arroz y La araña duende, de Suzuki Kason.

Los textos presentan una versión condensada de estos cuentos de tradición oral. Entre los traductores se encuentran los más destacados japonólogos de la época: Lafcadio Hearn, James Curtis Hepburn y Basil Hall Chamberlain, que hicieron buena parte de las versiones inglesas, y Karl Florenz, a quien se debe la alemana. En 1914 Hasegawa publica los cuentos en español, en traducción de Gonzalo Jiménez de la Espada. Se trata de la segunda versión más completa, después de la inglesa. Los libros tendrán muy poca difusión fuera de Japón.

Entre 1886 y 1887, Hasegawa había empezado a imprimir sus libros en papel crespón chirimen, llamado así por recordar la consistencia rugosa del crespón, un papel ligero, suave y flexible como dicho tejido, y al mismo tiempo muy sólido. Ésa fue la clave de su éxito como editor. Fuera de Japón, los lectores y coleccionistas occidentales acabarán viendo ese papel como la quintaesencia del libro japonés. Por otra parte, su resistencia lo hace ideal para los niños, y para su conservación (después de casi un siglo, la viveza de los colores y la conservación de las obras que reproducimos es sorprendente). De hecho, los anunciaba como “los libros indestructibles de Hasegawa”. Hasegawa publicó versiones de algunos de los cuentos en alemán, francés, portugués, sueco, danés, italiano y ruso, aunque las dos colecciones más completas son la inglesa y luego la española.

En su traducción, Gonzalo Jiménez de la Espada adopta un estilo oral y a la vez clásico, en un español excelente. Hay que señalar que la ortografía, que hemos preferido no modificar, corresponde a la regla de la época. Por eso palabras como “fué” o “vió” aparecen con tilde, y también la preposición “á”, la conjunción “ó”, etc.

Al igual que el Bushido, los cuentos reflejan aspectos esenciales de las costumbres y el carácter japoneses, además de mostrarnos la imagen que el Japón Meiji quería transmitir al exterior. Como todos los cuentos tradicionales, son obras orales y anónimas. Nunca han perdido su vigencia, y en la actualidad siguen interesando a los japoneses de todas las edades. Niños y mayores las leen, existen versiones de dibujos animados y son una parte fundamental del imaginario colectivo japonés.

El libro recoge los siguientes diez cuentos:
1. Momotaro
2. El gorrión con la lengua cortada
3. La batalla entre monos y cangrejos
4. El viejecito que hacía florecer los árboles secos
5. La Montana Kach-kachi
6. El viejo y los demonios
7. Urashima, el pescadorcillo
8. La venganza del raposillo
9. Su Alteza Saco de Arroz
10. La araña duende

La mayoría de los ejemplares publicados por Hasegawa se perdieron con los años, pero una hija de Gonzalo, Ana Jiménez de la Espada, conservó una colección completa. Al final de la guerra civil, Anita recogió los libros y otros muchos recuerdos de Japón, y los guardó hasta su muerte a los 99 años, en mayo de 2008. Gracias a ella y a sus hermanos, Eduardo, Ricardo y Mario, podemos rescatar hoy este tesoro de imágenes y palabras, un interesante capítulo de las relaciones hispano-japonesas y de la historia del libro japonés.


©2009 by José Pazó

Cuentos del Japón viejo (Edit. Langre .2009) a la venta en nuestra librería y web.













































































































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