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 Artículo

La danza, homenaje a los dioses

Susana Ávila.

Escritora.

Una antigua leyenda dice que en un bosque del sur de la India vivían cien sâdhus o santones muy orgullosos. Un día Shiva salió de su residencia en el monte Kailâsa dispuesto a darles su merecido. Pero los santones al ver aparecer al dios emplearon su poderosa magia y lanzaron contra él, un tigre. Lejos de asustarse, Shiva lo mató, lo desolló y con su piel cubrió su cuerpo. Después los sâdhus le enviaron una serpiente venenosa pero el dios, impasible, se la arrolló a su cuello a modo de collar. Y por fin, cansados los santones de su poca fuerza, reunieron toda su sapiencia para crear un demonio que salió al encuentro de Shiva, pero de nuevo los santones se vieron burlados, cuando el dios se montó sobre el demonio comenzó a danzar con tanta perfección que los cielos se abrieron y todos los dioses se asomaron para contemplar el magnífico espectáculo. La maravillosa danza, que se llamó Tândava, derrotó completamente a los sâdhus que se postraron reverentes ante el dios que seguía danzando, danzando, danzando…

Al compás de sus giros y movimientos, los mundos se sucedían en una secuencia sin fin siguiendo el ritmo cósmico de la divinidad.

La vibración del éter, origen de toda existencia, produce el primer sonido y su consecución rítmica marca el paso de los días, de los meses, de los años, de los mundos, de las existencias en definitiva.

Luego cuando Indra, el dios del Cielo, y algunos dioses más comunicaron al Creador la sensación de aburrimiento que sentían en el Paraíso, el divino Señor buscó una forma de pasatiempo que se pudiera ver y escuchar y el ritmo cósmico le inspiró para que ordenara al sabio Bhârata escribir el Nâtya Shâstra, el tratado sagrado sobre danza y música.

Independiente del origen mítico que se atribuye a esta singular obra, este texto existió en realidad, aunque no ha llegado en su forma genuina y originaria hasta nuestros días. Está escrito en verso y dividido en treinta capítulos, los primeros de los cuales están dedicados a la construcción del teatro, después siguen las instrucciones sobre la danza y la mímica, las explicaciones acerca de las diversas situaciones espirituales que pueden ser representadas en el drama y los sentimientos correspondientes que suscitan en los espectadores; más adelante trata de los versos, de los ornamentos retóricos, de las lenguas y los dialectos que deben usarse en el drama; de los diez géneros de composiciones dramáticas; del vestuario de los actores; de los tipos de héroes y heroínas del drama; del adiestramiento de los actores; de las circunstancias de las representaciones teatrales, de los espectadores, de la mímica y del canto.

La leyenda dice que el tratado de Bhârata especificaba que sólo las mujeres podían interpretar la graciosa danza lasya y por ello el Ser Supremo creó a las Apsarâs, ninfas de singular belleza, a las que hizo nacer de la espuma del mar junto a la diosa del Amor, para que interpretaran el arte dramático ante los dioses.

Desde entonces, numerosas historias mitológicas cuentan que el dios Indra utilizaba frecuentemente a las Apsarâs para seducir a los sabios cuyas austeras penitencias hacían peligrar sus divinos privilegios.

Una de estas Apsarâs, Urvashî, enamorada de un mortal, pasó mucho tiempo en la tierra acompañando a su amado y trasmitió este conocimiento divino a las mujeres mortales que encontraron así una forma de festejar y de honrar a los dioses.

De este modo surgieron las devadasis, palabra que significa siervas de los dioses, y con la que se designaba a las bailarinas de los templos. Sus danzas se convirtieron en indispensables durante los servicios religiosos.

A diferencia de la tradición occidental, donde se baila con zapatos –especiales en algunos casos–, la danza india requiere que se baile descalzo. Este gesto indica respeto hacia la Madre Tierra, que no ha de pisarse sin antes reverenciarla y pedir su perdón por pisarla demasiado fuerte.

El arte de las devadasis se dio en toda la India antigua. Las crónicas del imperio Maurya, el primer gran imperio que aglutinó los distintos pueblos que habitaban en el Indostán, se hacen eco de la presencia de estas mujeres en las ceremonias y festividades religiosas.

Con el transcurso del tiempo, se estableció la costumbre de que las devadasis pasaran del templo a la corte.

En cualquier parte del país, todos los reyes tenían a bailarinas como parte esencial de la corte y para los rituales del templo. La diferencia estribaba en que lo que se bailaba en los templos era básicamente de carácter ritual y la danza de las cortes tenía una finalidad más estética.

En líneas generales, podemos decir que había tres clases de bailarines: las devadasis que ofrecían sus servicios en los templos: las nartaki que actuaban ante la corte, y habría que añadir un tercer tipo, los jóvenes que representaban este arte para el público en general.

Se consideraba que la mujer perfecta debía ser instruida en las 64 kalâ (artes), entre ellas, la danza y el canto. En el curso del tiempo, la danza se hizo cada vez más popular y cada rey o noble disponía de su propia compañía de artistas profesionales versados en la danza y la música.

Con el advenimiento del Islam, la confluencia de culturas desintegró la institución de las devadasis (desde el punto de vista religioso) en el norte de la India, pero siguió prosperando en el sur, en lugares más aislados y que preservaron la antigua cultura de las influencias extranjeras.

Para los emperadores mogoles la danza era un componente indispensable del entretenimiento real. Tal fue el prestigio de las artistas en esta época, que en muchas ocasiones ejercían una importante influencia en la corte y no es aislado el caso de alguna bailarina que pasó a ser concubina real.

Durante el imperialismo británico, la danza degeneró profundamente y las bailarinas se vieron obligadas a actuar ante los nuevos señores que ni apreciaban su arte ni entendían su simbolismo. Practicaron un tipo de danza impura y pagana, de raíz popular, que se conoció en el norte con el nombre de nautch y en el sur como sadir, tristes sombras de una realidad pasada.

La independencia de la India vino a remediar este mal y durante las últimas cinco décadas se han redescubierto muchas joyas de este tesoro artístico del pasado. La tradición de danza india es tan rica, que el artista moderno sólo tuvo que limpiar una ligera capa de polvo para descubrir la luminosidad esencial de la gloria de este arte que dos siglos de censura no habían conseguido desterrar.

El estilo de danza varía mucho según la región de la India. En el norte entró en contacto con la influencia islámica, mientras que en el sur se preservaron estilos más genuinos. Podemos enumerar siete estilos de danza clásica:

BHÂRATA NÂTYAM

El Bhârata Nâtyam es el baile clásico por antonomasia. Originario de la ciudad de Tanjavur, en el estado de Tamil Nadu, está considerada como la danza más antigua de la India y es descendiente directo de la tradición de las devadasis.

El nombre de Bhârata Nâtyam se atribuye tradicionalmente a la figura mítica de Bhârata Muni, autor del tratado Nâtya Shâstra. Otra teoría es que el término Bhârata hace referencia al acrónimo de sus tres elementos esenciales:

  • Bha Bhava: sentimientos internos, expresión de las emociones estéticas
  • Ra Raga: Melodía
  • Ta Tala: Ritmo, compás

La danza Bhârata Nâtyam es la corporación del sonido y del ritmo, la armonía del sonido de la música con el ritmo del movimiento, creando una poética expresión espiritual.

La danza se muestra en tres aspectos:

  • Nrttta: es la danza pura, el aspecto cósmico de la manifestación artística. Su esencia es el ritmo. En ella se realizan bellos movimientos, bien expresando el vigoroso Tândava, la danza de Shiva, o bien el delicado Lasya, la danza de Pârvatî, pero no transmite un mensaje.
  • Nritya: es la danza expresiva, en la que se transmiten las sensaciones a través de mudras, gestos y todo el aparato expresivo (a excepción de la voz).
  • Natya: drama, en el que la danza expresiva lleva incluido el elemento dramático, incluso utilizando palabras.


En el Bhârata Nâtyam son muy importantes los elementos expresivos, que constituyen el Abhinaya y toma cuatro aspectos: Angika compuesto de movimientos, gestos; Vachika, la cantinela de los músicos a cuyo ritmo se baila; Aharya, los ornamentos, los vestidos y otros aderezos, y por fin, Sattvika, un estado de ánimo, que estará comprendido en alguno de los Nava Rasa, los nueve sentimientos primigenios: Raudra (furia, cólera ), Bhayanâka (temor, miedo ), Shringâra (amor, erotismo ), Vîra (heroísmo, valor ), Hasya (la burla, lo cómico ), Kâruna (la tristeza, el patetismo ), Asbhata (el asombro, la fascinación ), Vibhâtsya (el asco ), Shânta (la calma, la serenidad

KUCHIPUDI

El Kuchipudi es una danza tradicionalmente practicada por los hombres. Es originaria de la región de Andhra Pradesh.
Cuenta que su creador fue un yogui llamado Siddhendra, gran conocedor del Nâtya Shâstra, que en una ocasión en que cruzaba un río, se salvó milagrosamente y prometió escribir una obra dedicada al dios Krishna y que representaría por lo menos una vez al año. Esa obra inauguró un nuevo estilo de danza y describía la historia de Satyabhâmâ, la tempestuosa consorte de Krishna, que presionaba a su esposo para que obtuviera el celestial parijata, un árbol con un aroma inolvidable que estaba en posesión de Indra, y lo plantara en su jardín.

Las representaciones de Kuchipudi duran toda la noche y tradicionalmente tienen lugar al aire libre. Los espectadores se sientan alrededor de un escenario erigido especialmente para esa representación. Se llevan a cabo una gran variedad de rituales y ceremonias antes de que empiece el baile propiamente dicho.

MANIPURI

En la región de Manipur, en los límites orientales de la India, se practica un tipo de danza rítmica, sinuosa e intensa conocida con el nombre de Manipuri. Los habitantes de esta región se consideran descendientes de los Gandharvas, músicos celestiales que vivían en el Cielo de Indra para complacerle con sus cantos y acompañar a las Apsarâs.

Una leyenda dice que un día una pastora bailó una danza tan bella que Shiva tuvo un fuerte deseo de participar. Así que, juntamente con su esposa Pârvatî, bajó del Kailâsa, en los altos Himalayas y bailó. Tan hermosa fue la danza que Shiva interpretó junto a la pastora, que hizo que las joyas que llevaba se convirtieran en una luz deslumbradora que iluminó el valle. Hoy este paraje se conoce hoy con el nombre de Manipur, que significa “El lugar de la joya”. Pero hay otras muchas historias asociadas con Manipur y su forma de baile.

Los temas son religiosos vishnuitas, especialmente las leyendas del amor divino entre Radha y Krishna, son parte imprescindible de cualquier celebración social o religiosa.

La danza Manipuri está dividida en dos variedades. Los Rasalilas (danzas-dramas) y los Sankirtan (invocaciones), que son las más altas formas de expresión estética de los sentimientos religiosos de la gente de Manipur.

Este baile destaca por el peculiar atuendo de los personajes femeninos, que visten una falda rígida como un tubo, con tocados cónicos y velos transparentes de muselina blanca. Todo está ricamente elaborado y se tiende a llevar muchas joyas. La particularidad de la danza Manipuri es la lentitud y gracia de sus movimientos. Las bailarinas se deslizan por el escenario suavemente, como si no caminaran y por muy complicados que sean sus movimientos dan sensación de facilidad y simplicidad. Su soltura se enriquece con el hecho de que los ojos de la bailarina siguen la dirección de sus brazos, y estos la de sus movimientos.

ODISSI

Es la danza originaria de la región de Orissa. Es una forma de danza muy bella y sensual. El tratado Nâtya Shâstra hace referencia a esta modalidad bajo el nombre de Odra-magadhi. Durante muchos siglos fue la danza con las que las mujeres de esta región de la India honraban al dios Jagannath en Puri, en la desembocadura del Ganges, y, en general, se consideraba un honor aprender e interpretar esta danza como ofrenda a Dios.

Muchos de sus movimientos y gestos son similares a los del Bhârata Nâtyam, que luego veremos. Pero su elemento más característico y diferenciador es la postura del tribhanga, en la que el cuerpo se adapta con ángulos muy marcados.

La vestimenta correspondiente es un sari de brillantes colores estampado con diseños tradicionales de Orissa, cayendo con apariencia de gran soltura o envuelto en pliegues alrededor de cada pierna, con una estrecha blusa corta que deja parte del vientre al descubierto, con un delantal con vuelos desde la cintura.

Por lo general la instrumentación está dada por un melodioso timbal, un par de pequeños platillos y una flauta. A veces se incluye también un instrumento de cuerdas.

KATHAKALI

Pero de entre todas las danzas indias, la más singular, sin duda, es el Kathakali, aunque no sea más que por su apariencia. El bailarín lleva un traje de brillantes colores rematado con un enorme tocado y va profusamente maquillado –tarea en la que suele emplear un mínimo de ocho horas– cobrando el aspecto de una complicada máscara de color verde para los personajes bondadosos y roja y blanca para los malvados.

El término Kathakali significa literalmente “actuación de una historia”. La danza refleja los palpitantes impulsos del amor y el odio, lo patético de la separación y de la aflicción por la muerte de alguien, el horror de combatir y matar. El intérprete cuenta la historia a través de gestos que aun los niños pueden comprender. Las emociones fundamentales del amor, ira, dolor, heroísmo, temor, asombro, disgusto, regocijo, desprecio, se reflejan en los ojos y en la expresión de las facciones. Los gestos representan objetos concretos y abstractos. Los hay que significan animales, ríos, montañas, nubes y ningún ademán se realiza sin un significado preciso. Esta es la clave, puesto que sólo teniendo en cuenta este principio el bailarín puede transmitir el significado exacto de la canción que interpreta.

Este tipo de danza surgió a finales del siglo XVI y principios del siglo XVII en el estado de Kerala, al sur de la India.

Tradicionalmente la compañía de actores-bailarines está integrada por hombres, pues utilizan un estilo de baile muy vigoroso que exige una gran resistencia física, sin contar el pesado y voluminoso vestuario. Para expresar los sentimientos el actor-bailarín tiene que utilizar casi todos los músculos de su rostro y los ojos, lo que requiere mucho ensayo y que sólo se llega a perfeccionar tras casi una vida entera de práctica.

Las actuaciones de Kathakali se basaron tradicionalmente en las epopeyas indias, primero el Râmâyana y luego el Mahâbhârata y los Purânas.

MOHINIATTAM

También en esta misma región de la India, en oposición al potente Kathakali, surge el delicado Mohiniattam, la danza femenina de Kerala
Mohiniattam es una danza lírica, suave y encantadora en los gestos y delicada en los pasos. Es un baile eminentemente femenino y su nombre parece que deriva de la leyenda en que Vishnu se vio precisado a aparecer bajo un forma femenina (la palabra mohini significa engaño) para seducir a Shiva.

Los vestidos tradicionales son de color marfil con bordado de oro (un estilo muy particular a la región de Kerala) y lo que es más llamativo de este estilo de baile es el peinado, que se suele hacer recogiendo el pelo al lado izquierdo de la cabeza y adornándolo con flores.

KATHAK

El Kathak nació y se desarrolló en los templos del norte de la India, pero más adelante floreció en la corte mogol. En sánscrito la palabra kathaka significa narrador de historias.

Debido a su origen en los templos, las canciones e historias eran de naturaleza religiosa. Sin embargo, con la llegada de los mogoles, hubo un cambio definitivo en el contexto de danza y por lo tanto en su expresión. La danza Kathak es la única de las danzas clásicas indias que ha asimilado la influencia de culturas extranjeras a raíz de las invasiones en el norte de la India.

El Kathak se caracteriza por el uso del ritmo, el cual es marcado por los pies (tatkar), y acentuado por unos cascabeles (ghungrus) atados alrededor de los tobillos. Los pies realizan numerosos esquemas rítmicos que van progresivamente de lo más simple a lo más complejo.

La vestimenta es el ghagra choli –una falda larga, una blusa, acompañado del dupatta o pañuelo largo– para las mujeres y el churidar kurta –un pantalón ceñido y una camisa larga– para los hombres.

El Kathak se baila con acompañamiento de tabla, instrumento de percusión del norte de la India.


©2009 by Susana Ávila





























































































































































































































































































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