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29/07/2010  Visitante Bienvenido Asia Libros, Conde Duque, 18 Madrid  
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 Artículo

El Ganges, pureza y contaminación

Álvaro Enterría.

Director de la editorial Indica Books.

Bhagiratha, descendiente del rey Ságara, se propuso conseguir que la diosa Gangá bajase a la tierra para que sus aguas purificasen las cenizas de sus antepasados. Tras muchos años de ascesis, la diosa Gangá se compadeció de él y accedió a bajar a la tierra. Sin embargo, la fuerza de su caída amenazaba con destruirlo todo; Shiva la recogió entre sus largos y enmarañados cabellos, y desde allí Gangá fluye a la tierra, purificando y santificando la tierra de Bhárat, la India. No sólo a la tierra: Gangá se manifiesta en el cielo como Akash Gangá, la Gangá celestial, la Vía Láctea, en la tierra como el río Ganges, y en los reinos inferiores como Patal Gangá, el Ganges subterráneo.


La Madre Gangá, el río Ganges (habría que decir “la ría”, pues todos los ríos son femeninos en la india) ha constituido un potentísimo símbolo y centro de referencia en la historia de la civilización india. Adorada como la gracia del cielo en forma visible, se considera que sus aguas purifican todo lo que tocan. Gangá es el símbolo de las aguas primordiales y el principal de los ríos, pero no es el único venerado. Hay siete ríos sagrados que surcan la geografía de la tierra de Bhárat (que incluía los actuales Pakistán y Bangladesh). Aún hoy, muchos hindúes recitan esta plegaria en sánscrito mientras toman su baño cotidiano: “Oh Gangá, Yamuna, Godávari, Sarásvati, Narmadá, Sindhu y Kaveri, en tus aguas me purifico”, transformando así ritualmente el agua del grifo en las aguas sagradas. En otros rituales, igualmente, si no se dispone de agua del Ganges, el agua utilizada se considerará como tal. Bañarse en el Ganges, sumergirse en sus aguas, simboliza así el retorno a “la Madre”, a las aguas primigenias, a la unidad primordial inmanifestada que era antes de que el mundo y las formas fuesen. Más popularmente, bañarse en el Ganges purifica las faltas y pecados del hombre.


Más allá de la mitología, parece que el agua del Ganges posee (o poseía) cualidades especiales. Al igual que muchos reyes hindúes, los emperadores mogoles musulmanes, para los cuales el Ganges no tenía ningún estatus divino, bebían casi exclusivamente agua de este río, llevándola incluso con ellos cuando iban de campaña. Los primeros barcos ingleses descubrieron pronto que el agua de sus bodegas se pudría en el camino de venida a la India, pero que el agua del Ganges que llevaban a la vuelta no lo hacía. Más tarde, unos científicos observaron que el virus del cólera moría en sus aguas a las pocas horas, y que las epidemias no se extendían normalmente siguiendo el curso del río.


Pero el desarrollo económico y la superpoblación han supuesto una pesada carga para el río. La mayor parte de los desagües de las ciudades que jalonan el Ganges se vierten sin más en el río, al igual que todo tipo de desechos industriales. El mito de Gangá se vuelve en su contra, pues, como la madre que sienta a sus niños en su regazo y aguanta sin rechistar sus excrementos, se supone que Gangá lo aguanta y purifica todo: ¿cómo se podría contaminar la fuente de purificación?


En el año 1984 Rajiv Gandhi lanzó el Ganga Action Plan para descontaminar el río. Tras realizarse una breve primera fase, el plan se enredó pronto en problemas legales, burocráticos y de corrupción y se quedó estancado. Desde 1984 hasta ahora ha fluido mucha agua en el Ganges, y la contaminación, industrial y biológica, es ahora claramente visible. Sin embargo, miles de personas continúan bañándose todos los días en esas aguas, que contienen materia fecal muchas veces por encima del límite tolerable, sin que aparentemente hagan aparición enfermedades.


Por otro lado, en Tehri en el Himalaya, cuando el Ganges se llama aún Bhagirathi, se ha construido un inmenso embalse, uno de los varios proyectos faraónicos en que está embarcada la India moderna, siguiendo en esto los pasos de China. Este embalse, construido en una región sísmicamente peligrosa, tardará en llenarse varios años. Otras 200 presas, medianas y pequeñas, están previstas. Mientras tanto, es un afluente, el Alakhnanda, el que proporciona sus aguas a un Ganges disminuido. No es ya el agua del Ganges original quien fluye por ciudades como Benarés, y el nivel del río baja ominosamente. La corriente es ahora muy débil, y sus aguas parecen casi estancadas.


Desde hace años se vienen realizando intentos de luchar contra la degradación del río, pero por alguna razón no llegaban a cuajar. Desde junio de 2008, sin embargo, se están produciendo amplios movimientos populares para limpiar el río y restablecer su corriente. Conferencias de prensa, reuniones, manifestaciones, ayunos públicos, casi todos los días ocurre algo en Varanasi, Hardwar, Allahabad, Kanpur y otras ciudades al borde del ganges. De inspiración religiosa, pero con una visión que se podría llamar “ecológica”, se mantienen al margen de la política y agrupan también a personas de religión musulmana, cristiana o sikh. Como si el país los estuviera esperando desde hace tiempo, rápidamente se está expandiendo la consciencia de la necesidad imperiosa de limpiar al río, de cuidar a la “Madre” para que ella pueda cuidarnos a nosotros.


La situación de Gangá, adorada y a la vez polucionada, simboliza muy bien el desgarro de la India moderna. La India que vive en su mitología sigue teniendo aún mucha fuerza, un anacronismo en el desacralizado mundo actual. Pero hay otra India que ha saltado recientemente al panorama mundial de la información como resultado de su 7 u 8% de crecimiento económico en los últimos años. Enormes fuerzas económicas, que funcionaban al ralentí bajo el anterior “socialismo” burocrático, han despertado de pronto. La nueva India, deficitaria en energía, necesita aumentar rápidamente el suministro de ésta si quiere que su economía siga aumentando al ritmo actual. Las nuevas élites que gobiernan el país, de una cultura y formación muy distintas que las de la masa del pueblo, han lanzado la consigna de que la India quiere ser pronto, muy pronto, un país desarrollado, de que quiere transformarse en una superpotencia antes de 2020, al precio que sea. En mi opinión, es muy posible que lo logre, pero pagando por ello un gran precio ecológico, social, cultural y espiritual.


La India clásica, como refleja el mito de Gangá, considera que el mundo está vivo, que los elementos que lo componen no son materia muerta neutra e indiferente al hombre y las demás criaturas, sino que constituyen órganos interconectados y solidarios de una unidad que todo lo abarca: el universo es el cuerpo de Dios. La Divinidad, la conciencia que todo lo vivifica, está presente en todos los seres, animados o no. Una de las cosas que más sorprenden al extranjero que visita la India es esa cotidianidad de lo sagrado, esa “ecología sagrada” en la que elementos naturales se sacralizan.


Las nuevas élites de la India, como las del mundo desarrollado, funcionan sin embargo con el paradigma científico-tecnológico: la naturaleza está para ser explotada en beneficio económico del hombre. Un agua que se vierte en el mar sin más, sin producir un beneficio visible, es considerada como mal aprovechada. Estas dos visiones coexisten en la mente de innumerables indios, pero en compartimentos estancos que apenas se comunican ni se fecundan el uno al otro.


Ajenos a los profundos cambios recientes, los peregrinos siguen bañándose con fe en las aguas de la madre Gangá, sucias pero sin embargo puras. Cuando la India se ha convertido en un país de gran crecimiento económico, que probablemente será una de las primeras potencias mundiales en el siglo XXI, a mi juicio la pregunta más importante es: ¿será posible la integración de la ciencia y la modernidad con la visión espiritual clásica, la cual ha otorgado su fuerza y longevidad a esta original civilización? ¿Se convertirá la India, abandonando lo mejor de su cultura, en una réplica de los países industrializados de Occidente, o logrará armonizar su cultura con las necesidades económicas modernas, aportando así algo nuevo al mundo?


©2008 by Álvaro Enterria
Álvaro Enterría vive y trabaja en la India desde 1989. Es autor del libro La India por dentro. Una guía cultural para el viajero, a la venta en indicalibros.com







 



































































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